Alcohol y mujer. Da igual quien sea el alcohólico, la mujer siempre pierde

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Hoy, día 8 de Marzo, es el día de la mujer, el día que todos debemos ser más conscientes de la necesidad de nuestra sociedad de luchar más en la dirección de la igualdad de género, el respeto y la integración de la mujer.

Hoy en cualquier medio se hablará de políticas de igualdad, y cada uno tratará de hondear la bandera de su color político, pero de lo que no se hablará es de situaciones que provocan un gran riesgo para las mujeres, como el alcoholismo y en general, el consumo de cualquier sustancia.

 

El alcoholismo del hombre, violencia de género para la mujer.

Es un dato escalofriante. La probabilidad de sufrir que tiene una mujer de sufrir violencia de género en su pareja es proporcionalmente mucho más elevada cuando el hombre es alcohólico, por el efecto de esta droga sobre el control de la conducta y el aumento de comportamientos violentos. En estos casos de alcoholismo masculino, a menudo, quien más sufre esta situación es su pareja, la mujer, quien se queda diariamente con él tratando de ayudarle a salir, y quien se tiene que enfrentar a situaciones de mucha gravedad de comportamientos agresivos, violentos y muy desagradables. 

El estigma de género también tiene mucho que ver con esta situación, ya que es un hecho, que a la mujer se le exige que cuide de su marido alcohólico, “como buena esposa”, una presión que también viene muchas veces reforzada por la propia familia de la mujer, que le envía mensajes en esa dirección, de que debe de aguantar y asumir su responsabilidad.

Así pues, nuestra experiencia en CETPAG, es que cuando hay hombres que tienen un problema de consumo de drogas, con una proporción elevada, su pareja es víctima de situaciones de malos tratos, tanto físicos como psíquicos, pero mucho más graves los psíquicos, debido a la enorme dependencia emocional de la mujer sobre su esposo.

El desgaste que produce en la mujer el cuidado y supervisión de un marido alcohólico es tremendo, y muy habitualmente provoca la aparición de otras patologías mentales como depresión, o graves trastornos de ansiedad e insomnio.

Por si fuera poco, también, cuando un varón consume alcohol y pierde el control, muy frecuentemente aumentan sus comportamientos violentos, agresivos y sexuales, lo que no solo afecta a su pareja, sino a otras mujeres, que ven cómo se convierten en víctimas de agresiones sexuales o de la explotación sexual por hombres bajo el efecto del alcohol. Los datos de agresiones sexuales y de consumo de servicios de prostitución de hombres que han consumido previamente alcohol son tremendamente esclarecedores. La mujer siempre sale perdiendo de una forma u otra cuando el hombre consume sin control.

 

Mujer tratando de ayudar a su marido, alcohólico.

El alcoholismo de la mujer, aún más violencia de género.

 

¿Qué pasa cuando el que tiene un problema de adicción no es el hombre, sino una mujer? Pues lejos de ocurrir lo mismo que cuando enferma el hombre, con la mujer ocurre todo lo contrario. La familia se aparta, la censura, la tacha de mala mujer, mala esposa, mala hija y mala madre. El estigma social que pende sobre la mujer alcohólica aún hoy es muy grande, mientras que cuando se trata de un hombre se es mucho más condescendiente.

Los datos de mujeres que acuden a pedir ayuda profesional por adicciones son ridículos cuando se comparan con los hombres, aunque cada vez más mujeres solicitan ayuda. Sin embargo, la proporción de mujeres que piden ayuda, y que acuden solas, sin nadie que les acompañe, es de entre un 20% y un 30%, mientras que cuando se trata de un hombre, prácticamente siempre acuden acompañados por su pareja, por sus familiares o amigos.

Estos datos ponen de relieve que cuando es la mujer la que sufre esta enfermedad de adicción, la sociedad, su propia familia y hasta su pareja, le hacen un vacío, la rechazan, la condenan, cuando por contra, si se trata de un hombre, lo arropan, se compadecen de él y lo apoyan en todo lo que necesite para su recuperación.

Esta situación social sobre la percepción de este problema en cuando al género, provoca que muchas mujeres no se vean capacitadas para pedir ayuda, y finalmente, el problema de adicción se cronifica y se agrava aún más.

¿Padre alcohólico? También  la mujer sale perdiendo

No sólo las mujeres son víctimas cuando su pareja es adicta, también cuando lo es un padre, o incluso una madre y hasta algún familiar cercano.

Cuando es el padre el que tiene el alcoholismo, además de su esposa, la siguiente víctima que más peligro corre es una hija, que es mucho más vulnerable emocionalmente, físicamente y sexualmente. La mayoría de abusos sexuales sobre niñas vienen de sus propios padres o hermanos mayores u otros familiares cercanos, es lo que se conoce como la violencia sexual intrafamiliar. Y es en ese tipo de violencia donde hay un altísimo porcentaje de personas que presentan algún problema de alcoholismo o adicción a las drogas, y que bajo los efectos de éstas, hacen graves daños a los más débiles, las niñas.

También en aquellos casos de que el alcohólico sea un padre ya de avanzada edad, es la mujer la que peor lo pasa, ya que es común que entre las familias sean las hijas y no los hijos varones, quienes se encarguen de su cuidado y vigilancia, lo que además, las expone a más episodios de agresiones físicas, psíquicas y sexuales.

 

 

Conclusión, la mujer siempre pierde con el alcoholismo

Da igual si quien padece el alcoholismo es la propia mujer, si es su pareja varón, si es uno de los padres ya mayores o si es otro familiar cercano, que siempre será una mujer la que se lleve la peor parte de este grave problema.

Cada vez que un hombre se excede en el consumo de alcohol, directa o indirectamente, hace daño a una mujer, que puede ser su propia esposa, su madre, su hija o cualquier mujer que se cruce y que se convierta en víctima sin quererlo.

Y si es la mujer la que sufre el alcoholismo, también saldrá perdiendo por el enorme rechazo de la sociedad hacia la mujer que consume alcohol.

La mujer siempre pierde con el alcohol. No hablemos tanto de política y pongamos más atención en problemas reales que sí afectan gravemente a las mujeres.

 

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