«Empatía y comprensión en el día a día»

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Fran Prados es fundador de CC Adicciones, clínicas de desintoxicación que se encuentran distribuidas por toda España

Se dice que si se precisa una mano, hay personas que ofrecen las dos. El equipo de CC Adicciones es claro ejemplo de ello. Estos centros de ayuda se encuentran repartidos por todo el territorio nacional, uno de ellos en la sevillana calle de Virgen de la Regla. Desde allí, ayudan a las personas a superar la batalla de las adicciones con técnicas innovadoras que se sustentan en el trabajo conjunto de profesionales y pacientes, siempre juntos para buscar una salida. Diario de Sevilla ha tenido la oportunidad de hablar con Francisco Prados, fundador de CC Adicciones y conocedor de lo que es luchar, cara a cara, con este mal que afecta a millones de personas.

CC Adicciones afirma tener un método exclusivo, con un 86% de tasa de recuperación. ¿En qué consiste este método?

Bien, la metodología en su base no es nueva, es decir, lo que hemos hecho es basarnos en metodología contrastadas empíricamente, como el modelo cognitivo-conductual, modelo sistémico o Minnessota, entre otras, y adaptar dichos modelos y métodos a la evolución de los diferentes tipos de dependencia y los nuevos perfiles de pacientes durante los últimos 15 años. Si entendemos la adicción en su conjunto como una enfermedad multifactorial, tenemos que entender su recuperación dentro de un eje multi-disciplinar. Una cuestión muy importante a la hora de conseguir la recuperación de un alto porcentaje de pacientes, pasa por la ratio Profesionales/pacientes y la correcta formación específica del profesional (algo que en e ámbito privado, en nuestra línea de tratamiento no es muy frecuente).

Apoyo intensivo, nunca dejar sola a la persona en su difícil camino. ¿Cómo es el equipo de profesionales de CC Adicciones y cómo de esencial es el componente humano?

Estamos hablando de profesionales altamente cualificados, involucrados en la recuperación de paciente y las familias, con especial vocación por este colectivo y en muchos casos, con vivencias muy personales que hacen que la empatía y la comprensión formen parte del día a día del desarrollo laboral.

 

Tratan un gran abanico de adicciones (casi todas) ¿Cómo es el día a día de los pacientes en uno de sus centros?

Efectivamente, no tratamos únicamente la adicción a las sustancias, ya que en los últimos años ha aumentado de manera preocupante la demanda de tratamientos relacionados con las conductas adictivas y comportamentales, así como la patología dual. Desde que entra en clínica, el paciente se integra en la primera fase del tratamiento de manera progresiva, trabajando las carencias más básicas, pero no por ello menos importantes, producidas por los años de dependencia. Nos referimos a cuestiones sobre todo conductuales, haciendo mucho hincapié en los hábitos, las actitudes, las aptitudes, la conducta y la comprensión por su parte de lo que es la enfermedad de adicción y la aceptación en cuanto a la necesidad de recibir ayuda. Todo ello se consigue con la incorporación del paciente a una serie de actividades diarias orientadas a la adquisición durante los primeros meses, de todas las carencias antes comentadas. Todo un equipo de psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, integradores y enfermería durante las 24 horas al día.

Confidencialidad garantizada del paciente. Aun así, es una sociedad que cada vez parece más perdida, ¿cómo se le debe dar visibilidad a este tipo de problemas?

Por supuesto, no desde la percepción del morbo y del ocultismo. Etiquetar al adicto es sencillo y una manera fácil de no exponer la realidad de esta enfermedad a nivel social, que por desgracua es lo que se hace en muchas ocasiones. Hablamos de una enfermedad muy grave y mortal, a la que el paciente es incapaz de hacer frente y que por desgracia afecta mucho más allá de la figura de quien la padece. Para dar visibilidad a esta enfermedad, lo primero que debería de hacerse es un control exhaustivo de la calidad y capacidad de los centros dedicados a este colectivo, algo que dista mucho de la realidad de lo que ocurre. El vacío legal para ejercer de «terapeuta» o de profesional en las adicciones es tan grande que, simplemente con haber hecho una recuperación, sin formación adecuada, existen infinidad de pseudo-profesionales provocando no sólo un daño irreparable al paciente y su familia, sino que pone en el punto de mira a cualquier centro o clínica a la hora de confiar en una buena recuperación.

 

Hábleme un poco de las terapias innovadoras que siguen y de los servicios que tienen…

Yo diría que, las terapias, más que innovadoras, son las correctas. Como explicaba anteriormente, la cuestión multi-disciplinar en cuanto a la atención al paciente y su sistema es vital para la consecución de una correcta recuperación. De nada sirve una terapia grupal, no es efectiva la visita semanal a clínicos, no sirve tampoco el control por parte de enfermería o la medicación para la desintoxicación, no vale de nada la atención a las familias y parejas, tampoco es eficiente el trabajo deportivo, la adquisición de hábitos, la regulación de horarios o las conductas adecua- das. De nada sirven las reuniones diarias de todo el equipo médico/psicológico/terapéutico… por si solas. Nada sirve ni es efectivo de manera individual, unilateral, y es ahí donde mantenemos una gran diferencia con la mayoría de clínicas de recuperación, en el traba- jo en equipo, en la fusión y unión de todas las actividades y atención al paciente y sus familias. Los pacientes son destinados a sus terapeutas y clínicos en función de sus perfiles y se trata a cada paciente de manera por todo el equipo de manera individualizada.. Usted ha superado una adicción, ¿cuál es la motivación, el impulso definitivo para salir de ese infierno?

Siempre comento a familias y pacientes que, el 80% de una buena recuperación es la predisposición para querer hacerla. Una vez que se comienza un proceso de recuperación de esta intensidad, se ha de estar dispuesto a renunciar a muchas cosas que han de quedar fuera de la nueva vida en recuperación y se ha de aceptar estar dispuesto a cualquier cosa para no volver jamás a estar en situaciones tan terribles como las que dejamos atrás. Si entendemos que dos síntomas muy arraigados de esta enfermedad son la negación y el autoengaño, entonces la motivación suele basarse en factores externos (al principio), ya que dejar de consumir para el resto de la vida no es algo que el adicto acepte de un día para otro. Prácticamente, al igual que mi caso hace 20 años, hablamos de un ingreso voluntario entre comillas, ya que suele venir provocado por alguna causa mayor que no le deja al adicto otra salida que la de decidir ingresarse. Algún ejemplo podría ser la pérdida del empleo, la separación de la pareja, accidentes por causa del consumo o la negación de la familia a seguir aportando económicamente para el consumo… 

“Existe salida, siempre”. Usted la tuvo. ¿Qué le diría a aquellas personas con este tipo de problemas, que necesitan ayuda y no ven luz al final del túnel?

Cuando yo llegué a Cataluña para ingresar- me en un centro de tratamiento para las adicciones tenía 27 años. Sé lo que es mentir, engañar, manipular, amenazar, robar o chantajear sólo para poder seguir consumiendo un día más. Cada día tenia que consumir llorando porque no quería seguir haciendo daño a aquellas personas que me querían y confiaban en mí, pero era incapaz de hacerlo. La sensación de no consumir superaba con creces todo lo demás. Se había convertido en un modo de vida. Mis padres y mi hermana lucharon para que yo no me fuese de la recuperación, sabiendo que no dependía de ellos, pero aportando todo lo que tenían para que yo no tirase la toalla. Pues bien, solo exponer que, una vez se su- pera la primera fase y te ves capaz de levantarte de la cama, cepillarte los dientes, ducharte, convivir sin consumo y conseguir acostarte sin arrepentirte de nada de lo que has hecho durante el día, la balanza empieza a inclinarse hacia no solo no poder volver a consumir, sino hacia NO QUERER volver a consumir. Es cuestión de tiempo y estar en la clínica adecuada. 

La labor de su equipo y su persona es encomiable. ¿Cómo se siente al haber ayudado a tantas personas?, y ¿con qué se queda de ese 86% y, por desgracia, de ese otro 14% que no supera la adicción? 

Aún hoy me emociono cuando damos por finalizada la recuperación de un paciente (no la cura ya que es una enfermedad crónica). Poder ver crecer a personas dadas por desahuciadas, tener en el equipo a algunos de esos primeros pacientes que entraron en CCAdicciones con un futuro incierto, ver la alegría de las familias, las parejas, los hijos…al volver a contar con esa persona que conocieron hace muchos años y que se fue diluyendo a causa del consumo, del juego, de la adicción a las nuevas tecnologías. Es un orgullo y una recompensa diaria al esfuerzo que muchos de nosotros hacemos para mejorar la vida del adicto. Desgraciadamente, como en cualquier enfermedad muy grave, hay personas que no son capaces de llegar al final del tratamiento, apenando el orgullo por quienes sí lo consiguen. Es precisamente en quienes no lo consiguen, en quienes ponemos un foco de atención especial a la hora de hacer que otros terminen la recuperación.

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