Tu hijo puede estar traficando con las pastillas del TDAH

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¿Te parece un titular sensacionalista? A mí también lo habría parecido hasta hace sólo unos días, pero después de ver lo que he visto desde unos días para acá, he decidido escribir este artículo para alertar a los padres de adolescentes que hayan sido diagnosticados de Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y que están tomando algún tipo de medicación para este trastorno.

Hace unas semanas, un adolescente que acudía a mi consulta por problemas de conducta en casa con sus padres, me habló de que en su clase había otros chicos de unos 15 años que consumían “pastillas del TDAH” para estudiar y que no tenían ese trastorno, que se las pedían a otros compañeros que sí las tenían recetadas. No le di más importancia al asunto en aquel momento, pensando que quizás este chico no estaba bien informado, o que era algo muy excepcional.

La semana pasada, tuve una experiencia más preocupante, cuando una madre llamaba para informarse de cómo actuar con su hijo de 16 años que ya lo han pillado fumando marihuana, lo que a ella le preocupaba mucho, y que sabía que alguna vez cuando había estado de fiesta había tomado pastillas del TDAH de un primo suyo que sí estaba diagnosticado, pero que esto ella no le daba tanta importancia. A mí ya me empezó a preocupar.

Pero el detonante de que escriba este artículo ha sido esta misma mañana, cuando una madre de un niño que diagnostiqué de TDAH con 10 años de edad, y que estaba tomando este tipo de medicación, me comenta que su hijo, ahora con 15 años, ha aparecido con un móvil valorado en más de 300 euros, y que no saben cómo ha podido comprarlo, porque él no tenía apenas ahorros, y además, se había quedado sin regalos en Navidad porque había suspendido varias asignaturas en la última evaluación. Investigando los padres, han averiguado que estaba vendiendo las pastillas del TDAH a amigos suyos, en su mayoría, compañeros de clase que las compraban para estudiar y concentrarse mejor, pero que al saberlo otras personas, le había vendido algunas a adolescentes mayores que las compraban para salir de fiesta y aguantar más horas despiertos. El joven estaba vendiendo las pastillas desde este verano a razón de unos 10 euros por pastilla. Imagínense la preocupación de esta madre.

¿Qué son estas pastillas y por qué las consumen los adolescentes?

Estamos hablando de unos fármacos que contienen un principio activo que se llama metilfenidato, que es un estimulante con unos efectos muy similares a las anfetaminas, de hecho, es un derivado de éstas. El motivo por el que se receta este tipo de fármacos a niños que han sido diagnosticados de TDAH es porque estimula la región del lóbulo prefrontal, que normalmente está hipoactivo en estos niños, y gracias a esa estimulación, el niño se concentra mejor, está más tranquilo, y rinde mejor en los estudios. Es decir, para una persona que tiene TDAH, este tipo de estimulante, lejos de ponerlo inquieto, hiperactivo o exaltado, lo que hace es relajarlo, centrarlo y mejorar su rendimiento en tareas escolares.

Este principio activo tiene varios nombres comerciales, siendo el más conocido el Concerta, pero también son muy comunes el Rubifen, el Equasym o el Medikinet. El principio activo en todos ellos es el mismo, el metilfenidato, pero en cada formato comercial varía la dosis administrada y la forma de liberación, habiendo unos fármacos que se liberan de forma inmediata, y hacen un efecto rápido, pero corto en el tiempo (unas 4-5 horas de duración), y otros que son de liberación retardada, que se liberan más lentamente, y hacen un efecto más suave, pero más prolongado en el tiempo, desde la mañana hasta la tarde.

Pero, ¿y por qué un chico que no tiene TDAH puede querer consumir estos fármacos? Para una persona que no tiene TDAH, estos fármacos son simplemente, estimulantes, ya que no compensan ningún déficit de funcionamiento de ninguna región cerebral. En un cerebro normalizado, el consumo de uno de éstos fármacos provoca una hiperestimulación, aumentando la capacidad de concentración, la alerta, la excitación o la capacidad de mantenerse despierto. Es por esto que muchos jóvenes están consumiendo estos fármacos, para concentrarse mejor en horas previas a los exámenes, y así mejorar su capacidad de atención, concentración, horas de estudio y su rendimiento académico. Otros, lo que buscan es la estimulación que producen estas drogas para aguantar más horas de vigilia en días de fiesta.

¿Qué riesgos tiene consumir estos fármacos?

Todos los fármacos tienen beneficios y riesgos con su consumo. En este caso, estamos hablando de un psicoestimulante considerado como un narcótico de Clase II, semejante a la cocaína o las anfetaminas, por lo que los riesgos con su consumo son muy elevados. Ya incluso para aquellos jóvenes que padecen el TDAH, se recomienda mucha precaución en su receta, ya que pueden ocasionar efectos adictivos, a pesar de que para éstos, lo que produce es un efecto relajante en su conducta. Sin embargo, cuando es una persona sin TDAH la que consume estas sustancias, el riesgo de adicción es muy alto, además de que puede ocasionar episodios euforizantes que provoquen importantes alteraciones del humor y del comportamiento.

Hiperdiagnóstico y normalización de éstos fármacos

Detrás de este fenómeno hay un excesivo diagnóstico de niños con Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Todos los profesionales de la psicología y psiquiatría están de acuerdo en que se está diagnosticando a demasiados niños y adolescentes con este trastorno. Muchos de los diagnósticos no son reales, y son niños con problemas de conducta, malos hábitos, o trastornos de ansiedad, que no son bien valorados y terminan siendo diagnosticados de este trastorno.

Otro factor importante, es que aun cuando un niño tenga TDAH, no es el tratamiento farmacológico con metilfenidato el tratamiento de elección, sino que es más efectivo el tratamiento mediante el entrenamiento de padres en el abordaje de conductas y síntomas del trastorno, y la adaptación curricular en el ámbito escolar. Únicamente cuando se hayan aplicado estas dos técnicas y no haya la mejoría suficiente, se puede recurrir a la ayuda farmacológica, y siempre como último recurso. Sin embargo, es muy frecuente encontrar niños a los que se diagnostica de TDAH y se medican directamente, sin aplicar ninguna otra técnica de intervención.  Aunque en un principio hay una mejoría en el comportamiento del niño, ésta se va perdiendo en la medida en que el fármaco genera habituación y tolerancia, y unos meses después, el fármaco no está siendo efectivo, y el comportamiento del niño incluso es peor que al principio.

Esto está provocando que en una misma clase es relativamente fácil encontrar a 3 o 4 niños que han sido diagnosticados de TDAH y que han sido medicados con este tipo de fármacos, lo que para los demás compañeros, vean esto como algo normal y sin riesgos, por lo que no tienen ningún miedo a consumirlos.

Si tu hijo tiene TDAH, ¿qué puede hacer?

Si usted tiene un hijo con TDAH, la mejor recomendación es que intente aprender a trabajar con su hijo, que es el tratamiento de elección para estos niños. Esto implica aprender cómo funciona su hijo, entender por qué se comporta como lo hace, y qué técnicas debe aplicar para mejorar todo esto. En el ámbito escolar habría que hacer lo mismo, implementar una adaptación curricular para que no sea penalizado académicamente por sus problemas de atención y de conducta. Esto requiere acudir a un psicólogo que le enseñe cómo hacer todo esto, es la opción más exigente para los padres, pero es a la larga la que mejor resultados ofrece.

Si, como se ha dicho antes, no fuera suficiente, y tiene que recurrir al tratamiento farmacológico con metilfenidato, tenga muy presente lo que se está avisando en este artículo. Cuide cómo está su hijo las pastillas que le han recetado. Evite que tome más de las que debe, porque lo pondría nervioso, inquieto e hiperactivo, y también controle que no deje de tomarse la dosis recomendada. Tomar la pastilla menos días de los que tiene pautados por su psiquiatra tendría el efecto contrario al deseado, una mayor desestabilización de su estado de ánimo, concentración y conducta.

Pero sobre todo, controle que no esté guardando estas pastillas para venderlas a otros compañeros, porque este comportamiento es muy peligroso, y no solo porque pueda tener efectos adversos para la salud de otros compañeros de su hijo, sino porque su hijo estaría metiéndose en un mundo muy peligroso, porque eso, aunque no lo parezca, es exactamente igual que convertirse en un “camello” de la droga.

Esto implica que es usted quien debe guardar las pastillas, fuera del alcance de su hijo, y encargarse de administrarlas diariamente, asegurándose de que se las está tomando cada día, no vale que se las tome solo, sino delante suya 

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