Lo difícil de la terapia no es pedir ayuda, sino mantenerla en el tiempo

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¿Sufres depresion?, ¿algún problema de ansiedad?, ¿una adicción tal vez?¿o un trastorno psicótico? Si padeces alguna patología mental como las anteriores, o parecida, muy probablemente ya habrás solicitado ayuda profesional, ya sea a un psiquiatra, a un psicólogo, a tu médico de cabecera, o incluso a algún familiar o amigo de confianza. «Reconocer el problema es el primer y más difícil paso» es una frase que habrás escuchado en numerosas ocasiones.

Es cierto que reconocer un problema como los anteriormente mencionados es muy duro para cualquiera, y los miedos sobre cuestiones como la aceptación de tus seres queridos, o la opinión que tendrán de ti, o que piensen que estás loco, son muy frecuentes. Sin embargo, para muchas personas, este paso llega de forma fortuita, normalmente porque la situación se hace muy evidente o porque el malestar es muy grande y no queda más remedio que abordar el problema.

 

Una vez dado el paso, no se acaba nada, sino que empieza todo. Empezar una terapia psicológica es una lucha contra el orgullo, contra la prepotencia, contra muchas creencias que han inculcado sobre lo que es una persona sana o enferma. Es aceptar que no puedes seguir haciendo la vida igual que antes, porque volverás al mismo punto de partida.

Cuando se habla de salud mental, hablamos de recuperación, todo el mundo se centra en la recuperación, como si esto fuera un proceso limitado en el tiempo, un mero trámite que se pasa para seguir con la vida tal y como la dejamos antes de hacer la terapia. ERROR. La terapia no acaba nunca, la terapia es un proceso en el cual se te dan unas herramientas para enfrentarte a tu enfermedad, pero el uso de esas herramientas debe prolongarse en el tiempo durante mucho tiempo, y en ocasiones, dependiendo de la enfermedad, de por vida.

Hay que aceptar que la recuperación no tiene un final definitivo, no se deja de estar en recuperación y la recuperación nunca deja de ser un desafío

El error más habitual de los pacientes es considerar que cuando ya se encuentran bien, pueden dejar de seguir las pautas de su terapeuta, y volver a lo que habían hecho antes. Ninguna terapia debe acabarse pronto. Una dieta propuesta por un nutricionista no puede acabar cuando se alcanza el peso deseado, sino que cuando se llega a él, se debe de adaptar para mantener el peso, pero nunca dejar la dieta. Un plan de entrenamiento deportivo para alcanzar un objetivo deportivo no puede acabar cuando se alcanza el objetivo, porque se perderá todo lo conseguido. Igualmente, una terapia psicológica no puede terminar abruptamente cuando se consigue una mejoría.

Hay que aceptar que la recuperación no tiene un final definitivo, no se deja de estar en recuperación y la recuperación nunca deja de ser un desafío. Es fácil decepcionarse cuando se ha mejorado mucho,  pero no se puede dejar la recuperación, porque se pierde todo lo ganado con muchos esfuerzo, pero hay que aceptarlo para no perderlo todo.

Hay que redefinir las prioridades. Cuando una persona empieza una terapia su objetivo principal es curarse lo antes posible, volver a una vida como la de antes, dejar de acudir a terapia pronto,…. pero posteriormente se debe asumir que el objetivo principal es estar bien, el máximo tiempo posible, aunque eso signifique tener que estar en terapia años. Aceptar que incluso si se tropieza y se cae al pozo otra vez, hay que volver a pedir ayuda y empezar desde el principio. 

La recuperación no consiste en encontrar un estado de bienestar eterno e inamovible, sino en la capacidad de desarrollar la estrategias de fortaleza en nuestro interior que nos impida volver a caer en la enfermedad

La salud mental en la actualidad ha ganado mucho terreno, y cada vez es más común que más personas se vean decididas a pedir ayuda y aceptar que tienen una enfermedad mental y que necesitan acudir a un profesional; pero aún queda mucho recorrido en lo referente a mantener los logros conseguidos en la terapia.

La recuperación no consiste en encontrar un estado de bienestar eterno e inamovible, sino en la capacidad de desarrollar la estrategias de fortaleza en nuestro interior que nos impida volver a caer en la enfermedad. Esto es fundamental entenderlo, si no, estamos condenados a una vida de desengaños, de recaídas, y de oscuridad mental.

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