¿Soy adicto por mis traumas, o tengo más traumas porque soy adicto?

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Es una de las cuestiones clásicas en la psicología moderna, el reto de explicar por qué una persona desarrolla una enfermedad como la adicción. Hay quienes defienden que el adicto es una persona que tiene numerosos traumas psicológicos inasumidos y se refugia en el consumo de sustancias para aliviar su dolor, y por contra, hay otros que defienden que el adicto es adicto porque consume una sustancia, y que el consumo de sustancias es el que le lleva a experimentar más traumas en la vida, por las malas decisiones que pueda tomar en momentos concretos de su vida.

La respuesta no es ni mucho menos simple, y además, difícilmente se podrá resolver con un Sí o un NO, ya que este tipo de cuestiones son multifactoriales, es decir, que influyen muchos factores de riesgo que determinan en cada persona cómo enferma y por qué enferma. Veamos a continuación algunos de esos factores de riesgo que son más determinantes para entender cómo una persona puede desarrollar una adicción.

 

El concepto de enfermedad de adicción

Para entender cómo una persona puede desarrollar una enfermedad de adicción, primero es necesario entender qué es realmente esta enfermedad, qué implica, qué la define y qué pronóstico tiene. La versión clásica de esta enfermedad se centraba únicamente en el consumo reiterado de una sustancia tóxica, es decir, se consideraba adicto aquella persona que consumía un tóxico de forma compulsiva y en reiteradas ocasiones, por lo que si una persona era capaz de mantener la abstinencia el tiempo suficiente, por definición, dejaba de ser adicta.

Esta versión clásica hace muchos años que se desechó en el ámbito profesional, sobre todo desde la llegada de los modelos psicológicos y psiquiátricos que abordaban la adicción desde la perspectiva psicopatológica y no meramente tóxica. Con esta nueva perspectiva se considera que el adicto, además de consumir una sustancia, presenta unas características cognitivas propias de esa enfermedad, como es una tendencia a la búsqueda de sensaciones, una baja tolerancia a la frustración, un alta impulsividad, y patrones de personalidad muy relacionados con el consumo de sustancias (dependiente, antisocial, histriónico, límite,…). Así pues, el adicto era algo más complejo que una persona que consumía una sustancia, y pasaba a hablarse de la personalidad del adicto o personalidad preadictiva, ya que se podía incluso prever que una persona pudiera tener problemas de adicción incluso antes de consumir una sustancia.

En los últimos años, además, se ha visto con la llegada de las neurociencias, que cada vez hay más evidencia neurológica de que el adicto tiene dificultades de control de su conducta por alteraciones en el lóbulo prefrontal, y alteraciones emocionales en los lóbulos temporales, evidencias que vienen a justificar con más determinación lo que hasta ahora se conocía sobre el desarrollo de esta enfermedad.

 

 

Alteraciones emocionales en los adictos

Cualquier persona que haya convivido con una persona adicta sabe que se trata de personas muy inestables emocionalmente, y que cambian muy rápidamente su estado emocional por cualquier circunstancia. Esto se debe a que tienen alteraciones en regiones cerebrales temporales, y que experimentan sensaciones emocionales muy variables, a menudo, exageran o magnifican cualquier situación estresante, de manera que, cualquier episodio que experimentan, tienden a vivenciarlo como algo extremadamente complejo, duro o traumático.

La baja tolerancia a la frustración que tienen ante situaciones difíciles les lleva a sufrir enormemente ante situaciones difíciles, lo que les lleva a consumir sustancias para aliviarse o relajar su malestar

Traumas psicológicos exagerados y mantenidos en el tiempo

Otra característica de los adictos es que presentan muy a menudo traumas psicológicos que cuentan como muy graves y que perduran en el tiempo. Muchos de esos traumas cuando son analizados objetivamente no son tan graves, sino que son situaciones difíciles que pueden ocurrir a cualquier persona, pero que, debido a sus pocas habilidades de afrontamiento y a su baja tolerancia a la frustración, vivencian como episodios mucho más graves y traumatizantes. Si además del acontecimiento estresante, se añade un consumo de tóxico de por medio, el efecto traumatizante del acontecimiento es mayor aún, por lo que se vivencia como mucho más grave de lo que realmente ha sido.

 

Conclusión

No se puede decir tajantemente que el adicto sea adicto porque tenga traumas psicológicos, ni que los traumas se deban a su adicción, sino que en cada paciente se establecen procesos emocionales derivados de la propia enfermedad de adicción, como la baja tolerancia a la frustración, patrones de personalidad ligados a la adicción, una alta impulsividad, búsqueda de sensaciones y alteraciones emocionales, que dan como resultado el patrón psicopatológico propio de un adicto, que termina consumiendo sustancias como método de alivio de su malestar psicológico.

Los traumas psicológicos que pueda tener un adicto deben ser resueltos, no porque sean el origen del problema de adicción, sino porque seguirán siendo un factor de riesgo de consumo.

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