Dime cómo te comportas y te diré cómo enfermas

publicado en: blog | 0

Vivimos en la era del pensamiento y de las emociones. Nos inculcan pensamientos de que podemos conseguir lo que queramos, pero nadie nos enseña cómo conseguirlo. Nos venden que tenemos más derechos que nuestros antepasados, pero no sabemos cómo utilizarlos. Nos dicen que podemos ser felices de mil formas distintas, pero no nos dicen cómo mantener esa felicidad. Toda la publicidad del mundo comercial está basada en hacernos creer cosas y en hacernos emocionarnos de una determinada manera, pero todo es efímero, todo es superficial, y nunca parece ser real todo lo que nos creemos que merecemos o que somos.

¿Dónde está el problema?

El problema está en la CONDUCTA, porque somos lo que hacemos, no lo que pensamos que somos o lo que sentimos que somos. La conducta de todo cuanto hacemos a lo largo del día y de nuestra vida, es lo que nos define, lo que termina desencadenando pensamientos positivos o negativos, y lo que nos provoca emociones agradables o desagradables.

El pensamiento y las emociones son fundamentales, pero sin la conducta no tendrían razón de ser. Veamos qué función tiene el pensamiento, qué función tienen las emociones, y qué función tiene la conducta.

Nuestro organismo está programado para sobrevivir, es nuestra función última, la supervivencia, de manera que todo lo que hace nuestro organismo está orientado hacia esta supervivencia. Toda función de nuestro organismo tiene como objetivo último que sigamos vivos. Cuando nuestro corazón late, lo hace para seguir vivos. Cuando nuestros pulmones inspiran y expiran lo hacen igualmente para que sigamos vivos. Así podemos seguir con el resto de función de nuestro organismo, y nuestros pensamientos, emociones y conductas no son una excepción.

La función de nuestros pensamientos es procesar toda la información de nuestro entorno, sobre todo, de aquello que nos amenaza en nuestra función última de la supervivencia, es por eso que tenemos más tendencia a centrarnos en aspectos negativos o amenazantes que en aquellos que son agradables y no amenazantes, porque aquello que nos amenaza, nos puede matar, y por eso tenemos que darle más importancia. Nuestro pensamiento nos está continuamente informando de personas que pueden ser amenazantes; de pagos a los que tenemos que hacer frente; de cambios de temperatura para que nos abriguemos si hace frío; de dolores de nuestro cuerpo que debemos de atender para que no sea nada grave; de que tenemos hambre y que debemos de buscar algo para comer;…. en definitiva, nuestro cerebro está continuamente mandándonos pensamientos de cualquier cosa que nos acontece. ¿Qué función tienen estos pensamientos?, pues informarnos de cualquier riesgo del que tengamos que defendernos, o de las necesidades que tenemos para defendernos de ese riesgo. Incluso cuando tenemos un pensamiento aparentemente positivo, como tener ganas de comer tu comida preferida es en realidad un pensamiento que busca saciar una necesidad básica, como el hambre. Sin embargo, ninguno de estos pensamientos tendrían sentido si después no hubiera una conducta que los llevara a cabo. No sirve de nada que mi cerebro me avise de que tengo sed, si no voy a beber agua; no sirve de nada que mi cerebro me recuerde que tengo que pagar un recibo, si no voy al banco a pagarlo. Por esto decimos que el pensamiento es muy útil, pero no tiene razón de ser si no va seguido de una conducta que lo lleve a cabo.

Un ejemplo para entenderlo es una persona que ha sufrido una grave parálisis cerebral. Estas personas piensan prácticamente igual que cualquier persona sana, tienen un cerebro activo que les bombardea continuamente con pensamientos sobre lo que pasa a su alrededor, pero al no poderse mover, nada de lo que piensa tiene utilidad alguna.

Veamos ahora qué pasa con las emociones. Las emociones son una respuesta adaptativa de nuestro organismo ante una situación, es decir, todo cuanto acontece a nuestro alrededor da lugar a una emoción que no es otra cosa que una valoración que nuestro organismo hace sobre lo que ocurre, y hace que se perciba esa situación como agradable, desagradable, triste, alegre, peligrosa, sabrosa, amarga, miedosa,…. La emoción que una situación despierta en nuestro organismo es lo que hará que esa misma situación sea adaptativa o no. Si las emociones que se despiertan en una situación son positivas o agradables, esa situación será percibida como agradable, beneficiosa, positiva y por tanto, nos gustará; mientras que si percibimos la situación con emociones com miedo, asco, repugnancia, tristeza, aburrimiento,… eso significa que esa situación no es adaptativa, y tenemos que huir de ella.  Pero, al igual que como pasaba con los pensamientos, no sirve de nada que experimentemos determinadas emociones si no hay una conducta que las acompañe. Si vamos por una calle de noche y tenemos miedo, debemos reaccionar con conductas de alerta, de precaución, como ir con alguien, coger algo para defendernos, o no pasar por esa calle. Igualmente, si probamos un alimento nuevo, y nos gusta, nos resulta muy sabroso y agradable, lo normal es que sigamos comiéndolo más veces.

 

Pero, ¿qué hacemos con nuestros pensamientos y emociones?

A nadie le gusta tener malos pensamientos, como tampoco sufrir emociones desagradables. Nadie quiere estar continuamente pensando que te va a pasar algo malo, que vas a suspender un examen, que tu pareja te va a ser infiel,…. Lo mismo que nadie quiere vivir sufriendo miedo, tristeza, depresión o soledad.

Pero, ¿qué hago si me vienen pensamientos negativos?, ¿qué hago si me siento solo o tengo miedo?

La respuesta es muy simple: ESCÚCHALOS Y SOLUCIONALOS.

Si tienes pensamientos negativos o emociones desagradables piensa que te están avisando de algún peligro o de alguna carencia. Tienes que ver siempre una intención positiva de esos pensamientos y esas emociones. Los pensamientos te están informando de algo que no estás haciendo bien, de algo que te falta en tu vida, y por eso tus emociones son también desagradables, porque te están diciendo que esta situación no es buena ni agradable.

Si no los escuchas, lo que estarás haciendo es como si en el salpicadero de tu coche se te enciende una luz avisándote de que te estás quedando sin gasolina, y lo que haces es tapar con una pegatina esa luz. Lo que te pasará es que te quedarás sin gasolina tirado en la carretera. La luz del salpicadero era una emoción de tu coche que te estaba diciendo que debes repostar cuanto antes o te quedarás parado.

Ya lo decía Ortega y Gasset con su célebre frase de “Yo soy yo y mis circunstancias”, frase que aludía a la importancia que tienen las circunstancias en las que se encuentra la persona, y que definen lo que eres. Por tanto, para que nuestros pensamientos y emociones cambien, tenemos que cambiar nuestras circunstancias. Una máxima en psicología es que si quieres mejorar tu vida, no puedes seguir haciendo lo mismo que hasta ahora, porque te seguirás encontrando igual.

Compórtate de acuerdo a como quieres encontrarte

No hay magia. La gente que ves a tu alrededor y que es feliz no lo son porque hayan nacido con un don genético para ser felices, sino porque se comportan como personas felices. Lleva una vida ordenada, sé humilde, practica la bondad, respeta a todas las personas, ten paciencia, ayuda a que tu entorno sea un poco mejor cada día,… y tus pensamientos serán nobles, serán positivos, y tus emociones serán agradables y reconfortantes.

Hay estudios muy interesantes que refuerzan esta afirmación. ¿Sabes que un mismo pastel sabe más dulce a aquellos que han realizado una tarea exitosa previamente que a aquellos que han fracasado en la misma tarea? 

Lo que hacemos cada día determina nuestra actitud frente a la vida. Si actuamos de buena fe, percibiremos la misma buena fe de los demás hacia nosotros; mientras que si estamos constantemente buscando la forma de engañar a los demás, pensaremos igualmente que los demás nos quieren engañar. Otra frase célebre es aquella que dice “cree el ladrón que todos son de su condición”.

 

¿En qué consiste el tratamiento psicológico?

La mayoría de consultas de psicología que llegan a CETPAG no se deben a ninguna enfermedad física grave, sino a lo que se conocen como trastornos mentales reactivos, como son en su mayoría los trastornos del pensamiento, trastornos de ansiedad, trastornos afectivos, trastornos del sueño, trastornos de la conducta,…. Todos estos trastornos no se derivan de una incapacidad orgánica, de una patología que nos impida hacer algo, sino que son una respuesta desadaptativa a una situación de nuestro entorno, por eso se conocen como trastornos mentales reactivos, porque son la consecuencia de algo que está ocurriendo en nuestra vida.

Un tratamiento psicológico efectivo es aquel que propone al cliente cambiar conductas en su vida, para que sus pensamientos cambien y sus emociones también. Hay clientes que vienen con un cuadro de ansiedad muy fuerte porque tienen una vida desordenada y muy estresante, y pretenden encontrarse bien sin hacer cambios en sus vidas. Eso es prácticamente imposible o cuando menos, muy complicado de conseguir, y menos aún de mantener en el tiempo.

Ocurre algo similar en aquellas personas que acuden por un problema de adicción a las drogas, y que pretenden no consumir más droga, pero sin hacer cambios en sus vidas, como dejar de relacionarse con otras personas que son consumidoras, o de hacer las mismas cosas que hacía cuando se drogaba. Si no cambia ese tipo de conductas, continuará drogándose una y otra vez.

Si acude a nuestro centro, los psicólogos de CETPAG le ayudarán a hacer los cambios en su vida para sentirse mejor, tanto a nivel de pensamientos, como de sus emociones, y eso se consigue haciendo cambios conductuales en su vida.

No olvide que somos como nos comportamos.

Dejar una opinión