Cómo la soberbia te está arruinando la vida, y no lo sabes

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Hubo una época, antes de la aparición de la psicología y la psiquiatría, que cuando una persona sufría en su vida, no se hablaba de trastornos o enfermedades mentales, sino que se hablaba de qué pecados estaba cometiendo para tener ese sufrimiento. Con la llegada de la ciencia al estudio de la mente, el lenguaje teológico cayó en desuso, pero no por ello ha dejado de ser útil para entender muchos de los problemas de nuestra sociedad actual, e incluso, de las patologías mentales actuales. Hoy te hablamos de la soberbia, y te explicamos cómo te puede estar ocasionando muchos de los problemas que causan sufrimiento cada día, hasta el punto de poder estar arruinándote la vida, y todo ello, sin saberlo.

¿Qué es la soberbia?

Técnicamente, nuestro diccionario de la R.A.E. define soberbia como «Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros», haciendo referencia a la necesidad desmesurada de estar por encima de los demás y tener preferencia frente todos ellos; o como «Satisfacción o envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás», lo que se refiere no sólo a que el soberbio se vanagloria de lo que posee, sino que menosprecia a los demás. Una tercera acepción de soberbia es «Exceso en la magnificencia, suntuosidad o pompa, especialmente de un edificio», que hace referencia a la búsqueda del soberbio de ser más que los demás, darse más pompa, demostrar ser más grandioso que el resto.

De estas definiciones se deduce que algunas de las palabras que se asocian a la soberbia son la altivez, el orgullo, la vanidad, la prepotencia, la altanería, la arrogancia o el narcisismo.

En la mitología teológica, la soberbia forma parte de los conocidos como pecados capitales, que se consideran capitales, y no son capitales porque sean más graves, sino porque son pecados que inducen al hombre a cometer otros pecados, y satisfacer los deseos pecaminosos del ser humano. Para que se entienda mejor, un pecado grave es el asesinato, pero no se considera capital, porque ese pecado vendrá inducido por un pecado que sí es capital, como la envidia o la ira. Los pecados capitales en la teología moderna son: soberbia, avaricia, ira, envidia, lujuria, gula y pereza.

La soberbia es el pecado de pecados

Según Santo Tomás de Aquino, de los siete pecados capitales, el más grave es la soberbia, y se la considera «el pecado de pecados», porque la soberbia puede a su vez incitar a cometer los otros seis pecados capitales. De hecho, se sitúa a los pecadores soberbios como los más cercanos a caer en el infierno, porque sus pecados son más graves y difíciles de penitenciar. En esa teología cristiana se atribuía a cada pecado capital un demonio que lo instigaba, y en el caso de la soberbia, el demonio que la instiga es el demonio de demonios, Lucifer, porque el mayor pecado de Lucifer fue la soberbia de querer ser como el propio Dios.

 

¿Cómo te está afectando la soberbia en tu vida?

No te das cuenta, pero la sociedad actual está diseñada para fomentar la soberbia. La historia de nuestros antepasados era muy diferente, porque vivieron una sociedad en la que el hombre normal y corriente, el trabajador, el que no pertenecía a la realeza, era ninguneado continuamente, no tenía apenas derechos más que a vivir para trabajar para su señor. La soberbia era una palabra desconocida para nuestros antepasados, que tenían que practicar la humildad, la modestia o la sencillez como la única forma de sobrevivir, que son antónimos de la soberbia, altivez, orgullo o prepotencia.

Hoy, vives una época en la que te dicen que puedes hacer lo que quieras, que todos somos iguales, que tienes los mismos derechos, que te mereces todo aquello que deseas,… sin embargo, la realidad de la vida es bien diferente. Los pronombres que más utilizas son el YO, el , el ME, el CONMIGO o el PARA Mí.

Esto, que a priori se podría considerar un logro de nuestra sociedad actual, por encima de las sociedades de nuestros antepasados, en realidad te está condenando a ser un infeliz crónico, uno depresivo de por vida, uno adicto hasta la muerte.

Hoy vives condenado por la cultura del «yoísmo», el egocentrismo, el culto al cuerpo y la imagen, la necesidad de poseer cosas, de tener una mejor vivienda, un mejor coche, una mejor ropa. Y esto la llegada de las nuevas tecnologías, sobre todo con las redes sociales, han tenido mucho que ver. Hoy vives en un mundo donde sólo importa cuántos seguidores tienes en el Facebook, cuantos likes recibes cada día, cuántos seguidores tienes en Instagram,…. todo esto, son asuntos VANOS, y detrás del deseo de conseguir esas cosas vanas, se practica el pecado de la VANIDAD.

El éxito de las redes sociales radica en que fomentan la vanidad entre sus usuarios, que gracias a ellas, te levantas cada mañana con una actitud intentando valorarse por encima de lo que realmente valen; buscas tu engreimiento personal, exagerar tus éxitos, pero sobre todo, despreciando los méritos y éxitos de los demás. Los éxitos de los demás te generan envidia, ira, pereza,… por eso la soberbia es un pecado capital.

La soberbia es peor que el orgullo y el narcisismo

Aunque el pecado de la soberbia, como pecado capital, induce a cometer otros pecados como el orgullo y el narcisismo, en realidad, no son lo mismo. El orgullo es un sentimiento de satisfacción con lo que uno tiene o ha conseguido, por lo que puede tener algo positivo; el narcisismo es un sentimiento de excesivo aprecio de sí mismo, un enamorarse de uno mismo; mientras que la soberbia, además de incluir orgullo y narcisismo, implican el deseo de despreciar a los demás, de estar por encima de los otros.

Por esto la soberbia es tan peligrosa, porque no se trata de un deseo o sentimiento ególatra hacia uno mismo, sino que implica el daño, el perjuicio, el agravio a los demás.

Ser soberbio no es tener una autoestima elevada

Alguien podría pensar que tener una buena autoestima, el valorarse positivamente, el tener autoconfianza,….  serían también ejemplos de soberbia. No necesariamente, porque una persona puede tener una buena autoestima para trabajar las virtudes con las que contrarrestar los pecados capitales, como la humildad, la generosidad, la castidad, la paciencia, la caridad, la templanza o el autocontrol.

En cambio, el soberbio utiliza su excesiva autoestima y autoconfianza para satisfacer sus deseos pecaminosos, los otros pecados capitales.

Cómo estás siendo soberbio en tu vida

La forma en la que esta soberbia se manifiesta en tu vida cotidiana es tremendamente variada, y afecta a muchos aspectos. A continuación se exponen muchas formas de ser soberbio, y los respectivos pecados que estarías cometiendo en cada una de ellas. Identifica cuáles de ellas son más frecuentes en tu vida personal:

– Ser soberbio es creerse mejor que los demás. Y estarías siendo muy narcisista.

– Ser soberbio es pensar que no necesitas a nadie, que tú puedes hacer tu vida solo. Estarías siendo prepotente.

– Ser soberbio es desear bienes materiales, espirituales, emocionales,… que no necesitas y además, compararte con otras personas. Y además, caes en la avaricia.

– Ser soberbio es sólo ofrecer públicamente lo mejor de tu vida, y ocultar todo aquello de lo que careces. Estarías siendo altivo.

– Ser soberbio es hacer sólo aquellas cosas en las que eres bueno, y dejando de hacer aquellas en las que no eres tan bueno. Y estarías siendo perezoso.

– Ser soberbio es sufrir porque otras personas tienen cosas mejores que tú, o son mejores que tú. Y estarías cayendo en la ira.

– Ser soberbio es centrar tu vida en conseguir cosas que no son realmente necesarias, dejando de lado otras que sí lo son. Y estarías siendo vanidoso.

– Ser soberbio es buscar la satisfacción de tus deseos porque te lo mereces, porque lo vales, porque los demás también los disfrutan y son menos dignos que tú. Estarías siendo lujurioso.

– Ser soberbio es comer, beber o consumir cualquier sustancia excesivamente, aún perjudicando tu propia salud. No sólo se refiere a la comida, sino al gasto económico excesivo e innecesario. Estarías cayendo en la gula.

 

Cómo afecta la soberbia a tu salud

Todos los casos expuestos anteriormente, cuando los practicas de forma habitual, conllevan un sufrimiento, un malestar, una insatisfacción que terminan haciéndose crónicos. Si riges tu vida por la soberbia,….

– Nunca estarás satisfecho, siempre habrá alguien que sea mejor que tú, o que tendrá algo mejor que tú, de manera que todo lo que consigas, siempre será insuficiente. Caerás en una depresión.

– Nunca tendrás tiempo para las cosas realmente importantes en tu vida, como tu salud, tu pareja, tus hijos, tus familiares, tus amigos,…. porque siempre tendrás algún asunto banal que atender. Esto te causará serios problemas de ansiedad.

– Nunca tendrás relaciones personales con tu pareja, amigos o compañeros de trabajo saludables, porque siempre estarás comparándote con ellos y compitiendo e incluso, intentando perjudicarles para que tú siempre quedes por encima, y siempre estarás sospechando de sus intenciones hacia ti. Esto te causará trastornos del pensamiento como psicosis o pensamientos obsesivos.

– Nunca disfrutarás de lo que estás haciendo hoy, porque algo siempre o fue mejor ayer o será mejor mañana, por lo que serás un infeliz crónico.

– Nunca nada te satisfará, todo lo que una vida saludable te pueda ofrecer será insuficiente para ti, y estarás condenado a buscar siempre algo más, algo más fuerte, algo que no has probado,… y terminarás desarrollando una adicción.

 

¿Qué puedo hacer?

Por suerte, todo esto tiene solución, y es más fácil de lo que parece, pero deberás trabajar duro cada día para no caer en la soberbia. Como se ha dicho, la soberbia es el pecado de pecados, porque es capaz de conducir a otros muchos pecados, por lo que para no caer en la soberbia deberás trabajarte muchas virtudes que te protegerán de los otros pecados capitales. Éstas son las virtudes que debes trabajar para protegerte de la soberbia:

Sé humilde, es la virtud que combate la soberbia directamente. Debes hacerte pequeño, dejar de ser el centro del universo, reconoce tus limitaciones y debilidades y pide ayuda. Ríndete, no puedes con todo en la vida tú solo. Pide ayuda.

Sé generoso con quienes te rodean. Y no, no es tan fácil como dar dinero, porque esto es también soberbia. Puedes ser generoso dedicando tiempo de calidad a los demás; puedes ser generoso teniendo en cuenta las necesidades de los demás y tratar de ayudarles; puedes ser generoso mostrando un buen estado de ánimo, una actitud positiva y una adecuada predisposición hacia los demás.

Sé casto delante de los que te quieren. Y no sólo se refiere a llevar una vida sexual adecuada, sino que puedes ser casto llevando una vida ordenada, sensata, prudente, fácil, sin excesos,…

Practica la paciencia, soportando con entereza las dificultades que se te presenten en la vida, trabaja tu capacidad para frustrarte cuando las cosas no salen como esperas, espera pacientemente a que llegue el momento adecuado para hacer algo.

– Lleva tu vida con templanza, todo en una medida adecuada es bueno y necesario, pero en exceso, es perjudicial. Controla el tiempo que dedicas a tu trabajo, el tiempo que dedicas a actividades que no son necesarias, el dinero que gastas, la cantidad de comida que ingieres, o las sustancias que tomas.

– Sé caritativo con los demás, practica un actitud positiva con respecto a quienes te rodean, piensa en que quieren ayudarte, que te quieren, que te valoran, y que te pueden aportar cosas positivas. Esta actitud te llevará a corresponder con ellos, a comprometerse con buenas causas, a dar tu mejor versión.

– Lleva tu vida con diligencia, siendo activo, organizado, puntual, cumplidor, cuidadoso, cuida tu salud, tu aspecto personal, tus relaciones sociales y personales.

 

Si practicas cada día estos principios, no caerás en la soberbia, serás más feliz, vivirás más satisfactoriamente, y preservarás tu estado de salud.

 

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