Lo que hay detrás del caso de la atleta Simon Biles y de lo que nadie quiere hablar

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El caso de Simon Biles pone de relieve la importancia de la preparación psicológica de los deportistas.
Cada vez son más jóvenes los deportistas que llegan a la élite, lo que tiene muchas implicaciones en su desarrollo.

La noticia que salió en los medios estos días del abandono de la atleta norteamericana Simon Biles en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 ha tenido una gran repercusión, pero de lo que casi nadie habla es de lo que es realmente relevante de esta noticia. Simon Biles se presentaba en los Juegos como una de las caras más visibles de esta edición, ya que se esperaba que la gimnasta consiguiera varias medallas, viendo que en los últimos años ha sido la gran favorita a ganar todos los campeonatos en los que participaba. Las expectativas y la expectación era máxima sobre la atleta, y le ha pasado factura. Simon Biles ha decidido abandonar los Juegos Olímpicos ante la enorme presión que tenía y por su bienestar emocional y psíquico.

Lo llamativo es que durante horas pocos eran los medios que daban crédito y pensaban que se debía de tratar de alguna lesión física que le impediría participar, pocos eran los que veían en la explicación del entorno de la gimnasta una respuesta real que explicara el abandono de los Juegos. 

Esta noticia es relevante porque debe hacer reflexionar tanto a los medios de comunicación, como a los preparadores deportivos, como a los patrocinadores y hasta a las instituciones oficiales deportivas, sobre el asunto de la preparación mental de los deportistas de alto rendimiento. Se preocupan mucho de su preparación física, de la prevención de lesiones, de su alimentación y hasta de la prevención del dopaje, pero poco o nada se habla de la preparación psíquica de los deportistas.

Hay que recordar que el caso de Simon Biles, a pesar de lo mediático, no es el único, puesto que en el pasado torneo de tenis de Roland Garros, la tenistas japonesa Naomi Osaka se retiró de los medios de comunicación por la presión psicológica que tenía, y pocos la entendían entonces. Son pues, dos casos muy sonados de deportistas de muy alto nivel que han puesto de relieve este asunto y que debería de hacernos reflexionar sobre cómo preparar también mentalmente a los deportistas.

Naomi Osaka

Los deportistas de élite, cada vez más precoces

Hace décadas, un tal Miguel Indurain apuntaba maneras en el ciclismo en el equipo Reynold, como ayudante del entonces mejor ciclista español, Pedro Delgado, y fue en 1987, cuando ya tenía 23 años cuando terminó su primer Tour de Francia. Años después conseguiría sus cinco Tour de Francia, además de otros numerosos premios y condecoraciones que lo convirtieron en uno de los mejores ciclistas de la historia.

Este año hemos visto cómo un chaval como el belga Remco Evenepoel partía en el Giro de Italia como uno de los grandes aspirantes a ganar la carrera, con tan solo 21 años, y lo que pasó es que la carrera le quedó grande y cometió graves errores que pronto lo dejaron fuera de la lucha por el título y tener que abandonar la carrera.  Lo curioso es que su gran rival es el colombiano Egan Bernal, que con 24 años ya ganó hace dos años el Tour de Francia, y que finalmente se ha llevado esta edición del Giro de Italia. Y si seguimos con jóvenes precoces, otro ejemplo es el esloveno Tadej Pogacar, que con 22 años ha ganado las dos últimas ediciones del Tour de Francia.

Es evidente que el modelo de gestión de los jóvenes deportistas ha cambiado, y hoy queman las etapas mucho más rápido que hace unos años. Pero esto no es gratuito, ya que este proceso acelerado puede marcar gravemente a los jóvenes deportistas, que en tiempo récord pasan del anonimato a ser tremendamente mediáticos y tener una gran repercusión tanto social, como económica, como en las redes sociales.

El deporte de élite, mucho más que entrenar y competir

Lo que muchos jóvenes y padres de esos jóvenes desconocen del deporte de élite, es que lo difícil no es solamente conseguir llegar a ese nivel, sino que una vez se ha llegado, el joven deportista tiene que enfrentarse a exigencias que van mucho más allá de simplemente entrenar y ser de los mejores para competir y poder ganar títulos.

Hay que preparar al joven para enfrentarse a la repercusión mediática a la que se expone, ya sea a través de las redes sociales, o a través de los medios de comunicación, los patrocinadores, los representantes del deportista, o el propio entorno del joven. Las expectativas a veces se convierten en obligaciones y las obligaciones, cuando no se cumplen, se convierten en frustración y fracaso.

Es complicado que un joven esté preparado para afrontar esa presión, y deben ser sus padres en primera instancia quienes se preocupen por formar al joven, y además, velar por su salud mental y capacidad de superación y afrontamiento del fracaso o la tolerancia a la frustración.

Si un joven no se prepara en estas habilidades, corre el riesgo no sólo de no conseguir el éxito deportivo, sino de tener graves secuelas psicológicas que marquen su desarrollo en el resto de su vida. La hemeroteca está repleta de jóvenes deportistas que despuntaron muy jóvenes y que finalmente no respondieron a las expectativas y quedaron muy por debajo de lo que se esperaba de ellos. Lo curioso es que para muchos jóvenes conseguir lo que ellos consiguieron ya sería un sueño en sí mismo, pero al inflarse las expectativas, finalmente se ven como carreras fracasadas, lo que tiene una gran repercusión sobre su salud mental.

No olvidemos además que la vida de un deportista de élite es corta, y eso siempre y cuando no haya lesiones de gravedad que recorten la vida competitiva del deportista. Esto significa que cuando un joven está desarrollando su vida deportiva, debe tener en cuenta que tiene que tener un «plan B» al margen del deporte, por si este no cumpliera las expectativas deseadas. Muchos jóvenes dedican muchos años de su adolescencia a entrenar y competir, dejando de lado sus estudios o el desarrollo de una profesión, y cuando su vida deportiva se acaba, se encuentran con que no tienen un oficio que desempeñar.

 

La gestión financiera, fundamental

Aun cuando se trate de un deporte menos mediático que el fútbol o el baloncesto o el tenis, la mayoría de deportes, cuando se tiene un éxito, conllevan la consecución de premios, así como la remuneración económica a través de patrocinadores. En cualquier caso, es fácil que un joven deportista consiga unas cantidades de dinero importantes, que seguramente ni él, ni sus familiares saben gestionar.

Son muchos los deportistas de élite que después de años de éxito han terminado arruinados y con deudas con el fisco por no pagar los impuestos correspondientes a sus ingresos.

ES común que el joven, en cuanto consigue un dinero rápido, se lo gaste en caprichos como coches, motos, ropa, viajes,… y a menudo no piensa que tiene que invertir bien el dinero, y además, que tiene que pagar los correspondientes impuestos.

Es fundamental que tanto el joven deportista, como su familia, tengan una adecuada formación en finanzas y que contraten el asesoramiento de un experto, pues si no, es muy probable que terminen malgastando el dinero conseguido y además, contrayendo deudas.

 

Las amistades y el entorno familiar, muy peligroso

Son muchos los deportistas que después de una vida de gran éxito deportivo, han terminado arruinados y con problemas legales por la influencia de su entorno, tanto de amigos que se arriman a su éxito y que viven a costa de su éxito; como de los propios familiares, que ven en el éxito del joven deportista una fuente de ingresos muy atractiva y que terminan malgastando el dinero conseguido y haciendo inversiones ruinosas o generando unos gastos insostenibles.

Lo primero que tiene que hacer el joven deportista es depurar su entorno más cercano, y quedarse con gente de confianza, y gestionar adecuadamente sus ingresos.

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