En CETPAG, por cada persona que sacamos de la droga, liberamos a 10 o más personas

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Tendemos a ver la enfermedad de la adicción como algo que sufre una persona de forma individual. Quien bebe alcohol reiteradamente es esa personas, quien consume cocaína es esa persona o quien fuma marihuana es esa persona,… y por tanto, el enfermo es él, quien hace esa conducta de consumo de sustancias. Pero no es cierto, detrás de cada persona que sufre algún tipo de adicción (también hay que incluir las adicciones conductuales, sin droga), hay muchas personas sufriendo, y por tanto, también se las puede considerar enfermas, porque sufren de ansiedad, no duermen, tienen discusiones entre ellos, se sienten impotentes y finalmente, sufren de diversas patologías derivadas del problema de consumo de su familiar querido. El término “adicto” en su origen latino significaba “esclavo”, y así es como se sienten las personas que padecen de adicción, pero igualmente sufren las misma sensación de esclavitud los seres queridos de ese adicto, que sufren a la par los efectos de la adicción. Por tanto, detrás de la esclavitud de cada adicto, hay muchas otras personas que no son adictas, pero que están igualmente esclavizadas por la enfermedad.

Veamos a continuación cómo afecta la adicción a otras personas que están alrededor de cada adicto:


La pareja, la más perjudicada

En tratamiento de adicciones vemos que aquellas personas que están más cerca del adicto, quienes más se preocupan por su bienestar, quienes se esfuerzan más por ayudarle, son a la vez lo que más sufren los daños de esta enfermedad. El enfermo focaliza su malestar con ellos, lo que da lugar a continuas peleas, discusiones, malas caras o irritaciones personales. Es evidente que cuando el adicto tiene una relación de pareja, es ésta la que más sufre en esta situación, y se ve agravada cuando además hay hijos de por medio. La pareja no sólo se tiene que enfrentar a una triste situación de ver a la persona que quiere, de quien un día se enamoró, y a quien eligió para compartir su vida, continuamente bajo los efectos de la droga; sino que tiene que tomar la decisión de qué hacer cuando esta situación afecta a sus hijos; y además, con la gravedad de que sus propios familiares no apoyan su relación y seguramente le animan a romper la relación, que ella no tiene obligación de aguantar esto. Es muy duro para la pareja de un adicto soportar toda esta presión, que además, se ve aún más agravada al tener que convivir diariamente con el adicto.

Los padres, los que se sienten culpables

Es muy común ver a los padres del adicto sintiéndose culpables por el hecho de que su hijo sea adicto. Se preguntan en qué se equivocaron, si fueron quizás excesivamente permisivos, si fueron excesivamente estrictos, si podían haber hecho algo más, si han perdido el tiempo hasta reconocer que había un problema,….. Este fenómeno es especialmente llamativo en el caso de las madres, que se sienten más responsables por el problema de su hijo.

Los hijos, no tienen culpa de nada, los más perjudicados

Si hay una figura que no tiene responsabilidad alguna en el consumo de un adulto son los hijos. Los hijos no han fallado en la educación del adicto, no han elegido a sus padres, simplemente nacen en un hogar donde por azar les toca tener o no unos padres consumidores o abstinentes. Un hijo de un padre adicto sufre muchas consecuencias y muy graves, ya que no entenderá por qué sus padres discuten continuamente, por qué hay mal ambiente en casa, por qué su padre un día no quiere ni verle o le habla mal,…. y no solo eso, sino que además, se siente culpable de l que está pasando en su hogar. Los efectos de esta situación, si se mantiene en el tiempo, provocan daños graves en su autoestima, en su autoconcepto y en el desarrollo de sus actitudes y personalidad. El índice de hijos de adictos que terminan en el futuro siendo también adictos es muy alto, lo que nos hace ver la gravedad de esta situación en los menores.

El resto de familiares, no entienden qué está pasando

Hablamos de hermanos, de primos, de abuelos, de tíos,… que no entienden qué está pasando y además, culpabilizan a menudo a sus padres, a su pareja o a amigos de lo que está ocurriendo. Intentan ayudar a su familiar, pero su posición es muy complicada, no tienen poder de actuación, y su conocimiento de la problemática es parcial y a menudo, tergiversada, por lo que cuando intentan ayudar, lo que suele ocurrir es que provocan más problema que solución. En definitiva, los familiares se sienten impotentes al no saber qué está pasando ni cómo pueden ayudar.

Los amigos, se quedan al margen, te echan de menos

Cuando en un grupo de amigos alguien entra en un problema de adicción, lo que ocurre es que la relación se va deteriorando, cada vez el adicto participa menos en el grupo, se aparta más, su comportamiento inestable e impulsivo provoca que los amigos vean en la relación una fuente de conflictos. Los amigos, de forma similar a lo que le ocurre con los familiares, no saben qué está pasando y no saben cómo ayudar a su amigo con el consumo. Algunos incluso se sienten culpables porque han consumido droga con él.

Tras la recuperación, todo vuelve a su sitio….

Cuando el adicto se pone en tratamiento, ocurre el proceso contrario. Los padres recuperan a su hijo; la pareja vuelve a encontrar sentido a su decisión de compartir su vida con esa persona; los menores ven que su padre les quiere y desean pasar tiempo con él; los familiares recuperan a esa persona que creían que habían perdido, y los amigos verdaderos ven que su querido amigo vuelve a ser quien en su día era.

Nuestra experiencia con los pacientes que atendemos en CETPAG, es que detrás de cada paciente que conseguimos sacar de la droga, un promedio de diez o más personas de su entorno, recuperan una vida que habían perdido por la enfermedad de adicción. La tranquilidad, la paz, el silencio, el respeto, el cariño o el simple hecho de tener una conversación relajada vuelven, y eso es una liberación para todos ellos.

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