Recomendaciones para profesionales sanitarios para afrontar la crisis del coronavirus

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Son nuestra primera línea de batalla para luchar contra el virus, y necesitan también ayuda para manejar el estrés

En este momento que se redacta este artículo, en España hay registrados casi 14.000 infectados por el coronavirus y ni más ni menos que 623 muertes relacionadas con este virus. Los datos son alarmantes, pero tenemos que ir un poco más allá, porque detrás de cada uno de esos españoles que han sido infectados por el virus, hay muchas personas luchando por recuperarla y que el virus no pueda con su salud, además de evitar que más personas se contagien.

Hablamos de médicos de prácticamente todas las especialidades, hablamos de enfermeros, de auxiliares, de farmacéuticos, de fisioterapeutas, de odontólogos, de psicólogos,…. y una larga lista de profesionales que están colaborando, cada uno en su especialidad, en controlar esta pandemia.

Los profesionales sanitarios están vistos como personas fuertes, muy capaces, muy inteligentes, muy sacrificadas, y por eso han estudiado tantos años para ocupar los puestos donde están. Pero nada más lejos de la realidad, los profesionales sanitarios son personas de carne y hueso como cualquiera de nosotros, y tienen su limitaciones, tienen sus propios miedos, tienen también problemas personales, se cansan y se agotan como cualquier otro.

Ni que decir tiene que estos días están sufriendo una avalancha de usuarios en todos los centros sanitarios por el temor de padecer el virus de la pandemia, y que la mayoría de los centros están colapsados con urgencias y con casos reales de contagios. Amén todo esto, de las dolencias habituales de la población general, porque que nadie se olvide de que hay más enfermedad más allá del coronavirus, y que por desgracia, hay españoles que siguen teniendo problemas cardiacos, problemas respiratorios, cánceres, tumores, enfermedades digestivas, y un largo etcétera de patologías médicas que van más allá del onmipresente virus del COVID-19. Es decir, que a la demanda habitual de servicios sanitarios que tiene la población española, ha habido que sumar una enorme demanda extraordinaria producida por el coronavirus, lo que ha terminado por colapsar buena parte de los recursos sanitarios de nuestro país.

Insistimos en que todo está llevándose a pie de campo por miles de profesionales sanitarios que están haciendo un gran esfuerzo y una dedicación extraordinaria a atender a la población en una situación tan grave como la presente.

Es por ello que hemos considerado necesario hacer unas recomendaciones específicas para estos profesionales de la salud, para que puedan enfrentarse a esta situación de estrés con más garantías, no sólo de no infectarse ellos mismos con el virus, sino de no quemarse profesionalmente. Esperamos que sean de ayuda para quien los lea y los pueda poner en práctica.

1.- Te necesitamos, mucho, pero sobre todo te necesitamos sano

Como sanitario que eres, te necesitamos mucho, y en situaciones como esta, más que nunca, pero sobre todo, te necesitamos sano, enfermo no nos puedes ayudar. Por supuesto, las normas de seguridad son lo primero, y debes asegurarte de trabajar siempre en las mejores condiciones de seguridad por tu propio bien y por el bien de tus compañeros y de los pacientes a los que atiendes. 

Ahora, más que nunca, te pedimos que extremes las medidas de seguridad y de higiene, ya que una mala praxis por tu parte, aunque seguramente con la mejor voluntad posible, puede tener consecuencias fatales.

Egoístamente, ten presente tu propia salud, que puedes infectarte tú también, que no eres inmune a ningún contagio, y que si se infectas, pones en peligro tu propia salud y además, la salud de tus compañeros y de tu propia familia.

Y altruistamente, piensa en que si tú haces mal tu trabajo, puedes estar haciendo más daño que ayudando, pues puedes contagiar a más personas, en vez de ayudarles.

Ten muy presente todas las normativas de seguridad e higiene de las autoridades sanitarias y de tu propio centro en el que trabajas, ya que aunque esta situación sea excepcional, no justifica que no se deban cumplir dichas normativas.

2.- Eres muy importante, pero no imprescindible

En una situación tan grave como la actual es fácil caer en la situación de que creas que eres imprescindible en tu trabajo, que si tú no estás, no se va a poder atender bien a los pacientes, o que si algo no sale bien, es porque tú no has hecho todo lo posible.

Te equivocas.

Todos los profesionales sanitarios sois muy importantes, os necesitamos siempre y cuanto más en una crisis sanitaria como esta, pero no te confundas, tú no eres imprescindible, porque otro compañero lo hará igual que tú. Tienes que confiar en tus compañeros, en sus capacidades, tienes que creer más en el equipo en el que trabajas, porque si han llegado a ocupar un puesto de tanta relevancia es porque han demostrado haber superado muchas pruebas, exámenes y procesos formativos.

Da igual si eres un profesional que ocupa un cargo de relevancia, como si eres el último en llegar a esa plantilla, tienes que confiar plenamente en que tus compañeros llevarán a cabo su trabajo igual que tú. Si tienes un cargo de relevancia, este punto (y el anterior) te aplican más aun, ya que tu equipo te necesita en tu mejor versión para que puedas coordinar mejor a los demás. Tu ocupación en este caso no es trabajar más, sino que los demás trabajen mejor gracias a tu mejor gestión del equipo. Si llevas años dirigiendo a personas, seguro que has tenido anteriormente otras situaciones de crisis, y te habrás dado cuenta de que es mejor un profesional sano y al 100% que dos profesionales cansados y agotados.

Acota tu responsabilidad a la realidad. Tu responsabilidad no es atender a todo el mundo ni que todo el mundo se salve. Si te planteas que esa es tu responsabilidad, a buen seguro, fracasarás y provocarás que tus compañeros también fracasen. Tu responsabilidad es hacerlo lo mejor posible, y llegarás hasta donde puedas llegar.

3.- Identifica tus limitaciones, llegarás más lejos

Es una muestra de inteligencia superior el identificar tus propias carencias y limitaciones y saber cuándo toca parar. Es tu responsabilidad saber hasta dónde puedes llegar, detectar sus propias señales de cansancio o agotamiento, tanto físico como emocional, y antes de que llegues a la extenuación, para, descansa unos minutos, desconecta, y cuando hayas recuperado fuerzas, retoma la actividad. También es importante que sepas reconocer aquellas cosas en las que no eres bueno o no se te dan bien, y es más interesante pedir ayuda o delegar en otra persona que es mejor que tú, y así podrás dedicarte a otras actividades en las que tú das tu mejor versión. 

No sirve para mucho que te encargues de algo que otro puede hacer mejor que tú, y que otra persona haga peor algo que tú puedes hacer mejor. A veces con el estrés y el apremio de una situación como esta pensamos que todo vale y de cualquier manera, cuando no es así en absoluto.

4.- No intoxiques y que no te intoxiquen

En este caso, hay virus que son peores que el coronavirus, y son los virus mentales. Seguramente te habrás dado cuenta que todo el mundo habla de este famoso virus. La televisión ya no habla de otra cosa, si vas en transporte público no se habla de otra cosa, y seguramente entre tus compañeros no se habla de otra cosa.

Tienes que evitar el saturarte, sal siempre que puedas de esta situación de intoxicación mental. Evita cada vez que te encuentres con un compañero hablar de este tema, y si es él el que empieza a hablar de ello, discretamente cambia de tema, e incluso, si insiste, corta abiertamente ese tipo de conversación. Aunque resulte brusco, será mejor tanto para ti como para tu compañero.

Se habla mucho, y en este artículo hemos hablado mucho de la higiene física, el lavarse las manos, el protegerse con mascarilla, el mantener la distancia con los demás y sobre todo, el aislamiento.

Las mismas medidas que utilizas contra el virus tóxico, debes aplicarlas, incluso más contundentemente contra el virus mental. Cuando acabes tu trabajo o estés un rato de descanso, lávate las manos simbólicamente, es un gesto que implica desentenderse de algo. El panadero se lava las manos cuando ha terminado su tarea de hacer el pan, un gesto que implica que ya ha terminado su trabajo y se va a otra cosa. Tú debes lavarte las manos simbólicamente y desentenderte de este tema al menos durante unos minutos en tu descanso y sobre todo, cuando termines y te vayas a casa.

La mascarilla es otro ejemplo de lo que puedes hacer simbólicamente para protegerte de los virus mentales. Lo mismo que la mascarilla te protege de los virus de los demás, así como de contagiar con tus virus a los demás, la mascarilla simbólica hace lo mismo, te protege de que los demás no te contagien sus virus mentales con sus quejas, sus miedos, sus datos, sus rumores,…. e igualmente, debes filtrar tus virus hacia los demás para no contagiarlos a ellos.

Finalmente, tenemos la técnica preventiva del aislamiento, que ha demostrado ser la más eficaz para evitar la expansión del virus. Igualmente, debes aislarte del tema, no te satures con tanta información, no sigas hablando de este asunto en casa con tu familia, no tienes que ver todo el rato los noticiarios, simplemente, cambia de asunto, disfruta de una buena película, habla con los tuyos de cómo llevan la cuarentena, disfruta de una comida elaborada, ocúpate de aislarte todo lo que puedas de lo que pasa a tu alrededor.

5.- Dedícate tiempo, comparte con los tuyos

Recuerda que tienes más vida que tu trabajo. Seguramente tendrás pareja o hijos que te necesitan y te reclaman, y tan importante como los tuyos, estás tú, que tienes derecho a tener un tiempo para ti.

Muy posiblemente pienses que ahora es más importante que todo lo demás tu trabajo y que todo puede esperar. De nuevo, es un pensamiento erróneo, y que sólo te sobrecarga más aún y te lleva al límite de tus posibilidades. Piensa que todo lo que haces en definitiva lo haces para estar con los tuyos, y si pierdes esa motivación, terminarás agotándote y perdiendo el sentido de por qué haces lo que haces.

Posiblemente tengas un pensamiento de que tienes una obligación con los pacientes, y que si no haces más de lo que puedes, les estás fallando. Esto no es así, nadie te está pidiendo más de lo que puedes dar, pero sobre todo, si ese es tu pensamiento, en cuanto algo no salga bien, o te encuentres con un paciente poco agradecido, te sentirás defraudado y te quemarás más aún.

Recuerda que tu salud emocional y psicológica es tan importante como la salud física, y debes encontrar algún tiempo para ti, para llevar a cabo actividades que te son muy agradables, que te ayuden a desconectar y a descansar mentalmente. Quizás es el mejor momento de retomar alguno de tus hobbies o aficiones que tenías desplazados, ya que aunque creas lo contrario, seguro que te ayudan en este momento a estar mejor contigo mismo y a enfrentarte mejor a tu trabajo.

Igualmente, encuentra algún momento para comunicarte con los tuyos, para interesarte en cómo les va, cómo están pasando estos días, siempre recordando lo expuesto anteriormente de no intoxicar ni que te intoxiquen.

6.- No descuides tu alimentación

Estrés, preocupaciones, exceso de trabajo, cansancio,… son los ingredientes perfectos para que te justifiques y descuides tu alimentación, y que caigas en la trampa de comer alimentos ultraprocesados, que son más fáciles de consumir y requieren menos tiempo, pero que a la vez están cargados de grasas saturadas, sal e hidratos de carbono.

Seguir una buena alimentación en esta situación de estrés, no sólo te ayudará a mantener la línea, sino que mejorará tu estado emocional, te sentirás menos cansado e hinchado en el trabajo.

Un error muy común que comenten colegas tuyos es no desayunar y pasarse sin comer desde primera hora de la mañana hasta que llegan a casa a mediodía y comen de forma impulsiva, no caigas en ese error, siempre hay un momento para hacer un desayuno saludable y siempre se puede comer algo en un momento a media mañana. 

7.- No caigas en la automedicación

Uno de los riesgos que tenéis los profesionales sanitarios es que tenéis a vuestro alcance fácilmente muchos tipos de medicación, y en un caso de estrés tan particular como esta crisis, son especialmente  peligrosos los psicofármacos, que son muy recurrentes para un estado de ansiedad. Es muy fácil entrar en una dinámica de tomar ansiolíticos como las benzodiacepinas (lexatim, lorazepam, trankimazim, orfidal,….) que son muy accesibles en un centro sanitario.

Esto, que puede ser una solución fácil y rápida al malestar, se puede convertir en un problema de dependencia a las benzodiacepinas, que luego te costará más dejar.

Ocurre algo igual con otros tóxicos como el alcohol o el cannabis, que pueden ser una forma fácil de evadirse del estrés, pero que a medio o largo plazo se pueden convertir en un problema de dependencia a sustancias.

8.- Aprende técnicas de relajación

Algo que te puede ayudar mucho a afrontar estas situaciones de estrés es aplicar técnicas de relajación, que hay de muchas manera diferentes y que las puedes aplicar en muchas circunstancias a lo largo del día. Te damos algunos ejemplos de técnicas de relajación que te pueden ayudar a relajarte en un momento de ansiedad:

– Técnicas de respiración: bajando el ritmo de la respiración, conseguirás reducir tu ansiedad.

– Técnicas de imaginación: jugando con tu imaginación puedes manipular tus estados emocionales fácilmente.

– Técnicas de relajación autógena: un simple ejercicio de relación de los músculos del cuerpo reducirá fácilmente tu tensión.

– Escuchar música relajante

– Actividades relajantes como la lectura, dibujar, hacer puzzles, mandalas,….

9.- Pide ayuda si lo necesitas

Tú te dedicas a ayudar a los demás, pero también necesitas que te ayuden alguna vez. No te creas incombustible ni invencible, y cuando lo necesites, pide ayuda. Hablamos de pedir ayuda tanto en el trabajo, como en nuestra vida personal.

En el trabajo, si te ves desbordado, habla con tus compañeros, que te den un relevo, que te cubran un rato si necesitas descansar unos minutos. Delega en los demás, y no te creas que tú puedes con todo.

En tu vida personal, si estás agotado, habla con tu pareja, habla con tus amigos de confianza, te ayudarán.

Y siempre tienes la posibilidad de acudir a profesionales de la psicología para que te ayuden a desarrollar estrategias de afrontamiento para el estrés.

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