¿Por qué los adictos se avergüenzan de ser adictos?

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Todos aquellos que padecen una enfermedad mental tienen que luchar doblemente, por un lado contra su propia enfermedad, y por otro lado, contra el estigma que cada enfermedad tiene en la sociedad. A menudo, ese estigma está sustentado en el desconocimiento y en la falta de información que tiene la sociedad en general sobre la mayoría de enfermedades mentales. 

Por ejemplo, cuando alguien padece depresión,  son muchos los que creen que esa persona está desanimada y que lo que necesita es animarse, ponerse unos tacones y salir a bailar. Cuando alguien padece un trastorno de la alimentación como la anorexia, son muchos los que creen que se trata únicamente de que esa persona no quiere comer para estar delgada, que no tiene hambre, o simplemente que quiere parecerse a una modelo. O cuando alguien padece esquizofrenia, la población suele pensar que está loca, que no sabe pensar o que puede ser alguien peligroso.

Pero todo eso se queda corto cuando alguien padece una enfermedad de adicción, en cualquiera de sus variables (cocaína, cannabis, alcohol, juego, sexo,….). En estos casos, el estigma es mucho mayor, ya que la sociedad sigue pensando que el adicto es un vicioso, alguien que sólo quiere drogarse por placer, y que no quiere responsabilidades en la vida, sino únicamente hacer lo que le plazca. Que se trata de una cuestión de voluntad, de querer salir de ahí, o que es una cuestión de «echarle huevos a la vida» (con perdón).

Esta imagen se ve agraviada cuando incluso dentro del ámbito profesional aun hay quienes mantienen una visión arcaica y obsoleta de la adicción, y tratan a los adictos como personas que únicamente tienen que estar un tiempo sin consumir para estar recuperados. Con ese planteamiento, los adictos están condenados a seguir recayendo continuamente, y tras cada recaída no hacen más que confirmar el estereotipo de que no quieren recuperarse, que sólo quieren drogarse.

Hoy la ciencia ha determinado que la adicción es una enfermedad mental como cualquier otra enfermedad, que tiene unas alteraciones biológicas en el cerebro debido a los daños ocasionados de la droga y que alteran el comportamiento, la capacidad de raciocinio o la toma de decisiones.

Hoy la adicción se considera una enfermedad de primera categoría, no una problema de comportamiento del que deban sentirse avergonzados.

Esto implica que aquellos que sufren esta enfermedad deben enfrentarse al estigma social, pedir ayuda profesional y luchar contra el pensamiento social que piensa que se trata sólo de voluntad.

Los adictos se merecen el mejor tratamiento posible, con profesionales cualificados y experimentados, como correspondería a cualquier otro enfermo mental, que recurre sin dudarlo a neurólogos, psiquiatras, psicólogos,… para abordar su problema.

En CETPAG, porque somos conocedores de este estigma, desde que nuestros pacientes llegan a nuestro centro, son tratados con la dignidad que se merecen, con mucho respeto, y atendidos por profesionales cualificados tanto académica como profesionalmente, con una larga trayectoria laboral de primer nivel.

Nuestra misión es dignificar a aquellos que sufren esta enfermedad.

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