Cómo influyen los padres en el consumo de alcohol de sus hijos menores

El 15 de Noviembre es el Día Mundial sin Alcohol, y en este artículo hemos recogido algunos de los motivos por los que la mayoría de adictos al alcohol empezaron su consumo.

La mayoría de los padres de jóvenes que han desarrollado un problema con el alcohol suelen mirar en los errores que han podido cometer en la adolescencia del joven para haber desarrollado ese problema con el alcohol. Los padres se preguntan si fueron excesivamente permisivos con sus hijos en cuanto a sus salidas y amistades; otros, en cambio, piensan que quizás fueron muy exigentes y que por ello fracasaron en su proceso de socialización no sabiendo gestionar el consumo de alcohol en un entorno social.

La realidad, es que es mucho más influyente para el joven la etapa de la infancia y la pubertad, etapas en las que el niño es mucho más vulnerable e influenciable y ahí es donde los padres tienen casi en exclusiva la capacidad de influenciar a su hijo. Es por ello, que quizás los padres deben fijarse más en qué hacen delante de sus hijos en esas etapas y qué protagonismo tiene el alcohol en cada uno de los principales eventos familiares.

La influencia de los padres sobre sus hijos en relación al consumo de alcohol se puede resumir en tres grandes áreas de influencia, como son, en primer lugar las celebraciones familiares; en segundo lugar, las expresiones y el lenguaje utilizado delante de los hijos; y en tercer lugar, lugares tóxicos del hogar. Veamos a continuación cada uno de ellos y qué influencia pueden tener sobre los hijos en cuanto al consumo de alcohol.

Las celebraciones familiares, el inicio de todo

La mayoría de pacientes que hemos visto pasar por nuestra clínica relatan que su primer contacto con el alcohol fue en algún momento de celebración en el entorno familiar, como un cumpleaños, una visita de un familiar cercano, un día de Navidad o de Año Nuevo,… momentos en los que los diferentes miembros de la familia se reúnen y celebran con bebidas alcohólicas el evento. Es común, en un ambiente familiar de confianza y distendido, que a menudo se deje, como algo excepcional, beber un poco de bebida alcohólica a un menor, normalmente rodeado de un entorno de humor por cómo reacciona el menor al beber por primera vez una bebida alcohólica.

Un evento aparentemente inofensivo que el menor vive como una experiencia muy positiva con el alcohol, lo ve como algo agradable, que está en su entorno de confianza familiar, algo que sus propios familiares le ofrecen no puede ser malo, y además, es el alcohol el protagonista de un bonito acontecimiento de reunión familiar. La vivencia del menor implica un contacto tremendamente positivo con el alcohol y muy reforzante para él.

El lenguaje y expresiones sobre el alcohol, el gran reforzador

Sin ser conscientes de ello, nuestro lenguaje está repleto de expresiones cotidianas que fomentan el consumo de alcohol, o que lo normalizan enormemente y hasta lo idealizan. ¿Quién no ha dicho en alguna ocasión a un ser querido «a ver si nos vemos y nos tomamos unas cervezas»? Una expresión cotidiana que puede parecer inofensiva pero que cuando la decimos en entornos de confianza y mostrando una cercanía hacia la otra persona, lo que realmente transmite es la idea de que para pasar un buen rato entre amigos, lo ideal es beber una bebida alcohólica.

Otras expresiones muy habituales tienen que ver con el alcohol como un brebaje que ayuda a superar un mal momento; otras  expresiones refieren el consumo de alcohol como un acto de valentía y masculinidad; en otras ocasiones se usa el consumo de alcohol como una liberación de la mujer; en otras se habla de bebidas alcohólicas como un signo de distinción y de posicionamiento social,…..

No somos conscientes de la relevancia que tienen ese tipo de expresiones, pero cuando las escucha un menor, lo que está interpretando es que el alcohol es una bebida que tiene numerosas funciones beneficiosas, lo mismo sirve para curar una herida emocional, que para demostrar la valía de una persona o para distinguirse socialmente. Para el menor, ese tipo de expresiones redundan en una normalización e idealización del consumo de alcohol.

Lugares tóxicos en el hogar familiar

En la mayoría de hogares hay lugares especiales donde se guarda el alcohol. Es habitual que muchas familias tenga un mueble-bar donde guardan un surtido de bebidas alcohólicas, que además se guardan por si hay una visita especial. Ese lugar está en un lugar prominente del salón, teniendo un gran protagonismo.

También es muy frecuente que haya una gran variedad de objetos relacionados con el alcohol, como copas de vino, copas de champagne, botellas de algún licor o de algún vino especial que se colocan como elementos decorativos.

Todo esto lo que genera en el niño es una enorme fascinación sobre el mundo que rodea al alcohol, le invoca curiosidad y ve en todo esto un motivo para desear poder consumir ese tipo de bebidas.

Otro punto tóxico familiar que hay que cuidar es el lugar donde se guardan los medicamentos, especialmente cuando se trata de psicofármacos como opiáceos, benzodiacepinas u otros medicamentos que pueden ser adictivos. Al final, el niño termina normalizando el consumo de este tipo de sustancias y hasta idealizándolas.

¿Qué pueden hacer los padres?

Puede parecer que es imposible criar a un hijo sin exponerlo al consumo de alcohol, y seguramente sea cierto, pero los padres sí pueden hacer cosas, como por ejemplo:

  • No incluir bebidas alcohólicas en las celebraciones familiares cuando haya menores presentes.
  • No usar los eventos familiares como cumpleaños o comunión para hacer una fiesta para los mayores donde el alcohol es el protagonista.
  • Evitar beber alcohol delante de los niños en todo momento.
  • Las bebidas alcohólicas que haya en el hogar familiar deben estar fuera del alcance de los menores, y nunca en un lugar especial en el hogar.
  • Cuidar las expresiones en las que se fomenta el consumo de alcohol o se idealiza.
  • Evitar usar el alcohol como elemento de distinción o como objeto de deseabilidad social, como regalarlo a alguien especial. Al menos, si lo decidimos hacer, que sea sin el conocimiento de los menores.

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