Nadie elige ser adicto a la droga

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La droga no es el problema del adicto, sino la consecuencia. Esta frase resume perfectamente el mensaje de este artículo. Es común tanto en el ámbito familiar, como en la sociedad y hasta en el ámbito profesional, centrar la intervención terapéutica en el consumo de sustancias. Se culpa a la droga de todo lo que le ocurre al enfermo, cuando en realidad, la droga era un intento de medicina que el individuo utilizaba para sentirse mejor y aliviarse de su malestar.

¿Qué diferencia hay entonces entre consumir cocaína, porros, alcohol, anfetaminas o heroína y consumir un antidepresivo, un ansiolítico o un hipnótico? NINGUNA. Es lo mismo, ambos son ejemplos de sustancias psicoactivas que buscan paliar el malestar psicológico de la persona a través de la ingesta de una sustancia. La única diferencia es una son legales, se producen en laboratorios y se venden en farmacias previa receta de un facultativo, las otras se consiguen normalmente ilegalmente a través de mafias y de los conocidos como «camellos». Pero en esencia, son lo mismo, una sustancia externa que introducimos en nuestro cuerpo para calmar un mal interior.

«Uno no elige ser adicto a la droga». Es una frase muy habitual en los grupos de terapia de adicciones, y esa frase esconde una realidad, y es que nadie quiere ser adicto, nadie decide empezar a consumir una sustancia sabiendo que va a terminar en una poderosa adicción, pero un día empezó a consumir, por diversión, por aburrimiento, por dolor de cabeza, por dolor de muelas, por una depresión, por ansiedad,…. y encuentra en la sustancia un reparo, un alivio, un escape y a partir de ahí, viene el proceso de desarrollo de la adicción.

No conozco a un adicto que no haya caído en la adicción sin presentar problemas psicopatológicos previos, como una depresión, como ansiedad, como trastornos de personalidad, como trastornos de la alimentación, como insomnio, y un largo etcétera de posibles patologías que derivan en un malestar que incita a consumir algún tipo de sustancias.

Por todo ello, es fundamental tratar a la persona, no a la droga, y abordar cualquier patología mental que esté a la base de este problema.

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