Los retos por delante en la discapacidad intelectual

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Los retos por delante en la discapacidad intelectual

Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de la Discapacidad a nivel mundial, reconocido por la ONU, y por todo el mundo se realizan actividades de promoción de la inclusión y aceptación de las personas que tienen algún tipo de discapacidad en nuestra sociedad. Y como no podía ser de otra manera, desde CETPAG queremos mostrar nuestro apoyo a ésta necesidad de tantas personas de nuestra sociedad. En nuestro centro atendemos a familias que solicitan ayuda para gestionar aspectos de la convivencia en la familia cuando uno de sus miembros padece algún nivel de discapacidad, en nuestro caso, intelectual. También desde CETPAG damos asistencia psicológica a centros escolares donde hay niños con éste tipo de problemas que tienen que luchar cada día contra muchas barreras para integrarse.

En los últimos años se ha avanzado mucho en la adaptación de las personas con discapacidad, se han eliminado muchas barreras físicas que antes impedían totalmente el libre y correcto funcionamiento de éstas personas. Sin embargo, aún quedan muchas barreras que no son físicas, pero que pueden ser incluso más limitantes que un bordillo o unas escaleras sin rampa de acceso para sillas de ruedas. Hablamos de los prejuicios y los desconocimientos de gran parte de la población que todavía limitan mucho la integración de éstas personas en nuestra sociedad, y aquí hemos recogido algunos de ellos:

1) Una discapacidad es un estado, no una enfermedad. Es uno de los errores más extendidos, incluso entre muchos profesionales. Las personas que tienen algún tipo de discapacidad física, sensorial o psíquica no son enfermos mentales, sino que tienen esa condición, una condición que no es tratable y por tanto, no es patológica. Es cierto que hay multitud de patologías genéticas asociadas a discapacidades, pero la discapacidad como tal no tiene por qué ser patológica.

2) Una discapacidad no tiene por qué ser una desgracia sin hay una correcta integración social. De lo que se quejan tanto las personas con discapacidad como sus familiares no es de la discapacidad en sí misma, sino de las dificultades que tienen en el día a día para enfrentarse a numerosas situaciones de la vida. Nuestra experiencia profesional con éstas familias es que tienen un nivel de bienestar y de felicidad superior al de las familias que no tienen un miembro con discapacidad, sin embargo, a menudo se encuentran en situaciones desbordantes que no tienen que ver con la discapacidad, sino con la falta de integración y aceptación en nuestra sociedad.

3) Las personas con discapacidad pueden tener pareja y tener hijos sin discapacidad. Uno de los pensamientos más injustos y a la vez, extendidos, es que los discapacitados no pueden tener una vida de pareja normal y que además, no deberían tener hijos porque éstos heredarán su discapacidad. En un pasado no muy remoto se ha llegado a prohibir que personas con discapacidad tuvieran parejas ni relaciones sexuales para evitar que su mal se expandiera. Por desgracia, todavía hoy muchas personas piensan de esa manera y tienen muchos prejuicios contra la sexualidad en personas con alguna discapacidad. Lo cierto es que la mayoría de personas con discapacidad se debe a problemas que han surgido en las últimas fases del desarrollo embrionario o ya desde el nacimiento y hasta en la edad adulta (accidentes de tráfico, por ejemplo), por lo que no hay ningún motivo real para sospechar que si tienen una relación de pareja, pudieran transmitir su discapacidad a sus hijos. Ésto sólo puede ser cierto en aquellos casos de discapacidades asociadas a problemas genéticos.

4) Un discapacitado lo es en aquello que se ve limitado, no necesariamente en otras facetas. Un discapacitado físico que tenga que desplazarse en silla de ruedas únicamente tiene limitaciones en sus movimientos, en el alcance de algunos objetos, por lo que en cualquier otro aspecto de su vida puede llevar una vida totalmente normal. Igualmente, en aquellos casos de discapacitados psíquicos, pueden verse limitados para realizar tareas que requieran un nivel alto de complejidad, pero tareas simples, mecánicas y rutinarias pueden desempeñarlas perfectamente. Hay tareas que pueden llegar a desempeñarlas mejor personas discapacitadas que personas sin ningún tipo de discapacidad.

5) La pena no ayuda a un discapacitado, como se le ayuda es enseñándole a superarse. Es uno de los errores también más extendidos, el facilitar las cosas a éstas personas y sentir pena hacia ellos. Esto termina en sobreprotección y en un mayor nivel de dependencia y falta de autonomía personal. Aquellas personas con discapacidad que se han esforzado por superarse y han encontrado a quienes les ayuden, han sido capaces de conseguir grandes logros personales.

Son sólo algunos ejemplos de mitos que vemos a menudo en nuestro centro entre las familias que tienen algún miembro con alguna discapacidad y que tienen que luchar contra ellos en su entorno para que no vean limitados sus recursos de adaptación. Entre todos podemos hacer más fácil su integración social.

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