La brecha de género también se evidencia en el tratamiento de adicciones

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Vivimos en una época en la que se está avanzando mucho en la igualdad entre el hombre y la mujer, ya se ha mejorado mucho que ambos tengan los mismos derechos, que cada vez se cobre el mismo salario para ambos géneros si desempeñan el mismo empleo, y cada vez más mujeres ocupan puestos de dirección en empresas relevantes.

Cuando hablamos de consumo de sustancias, tristemente, aquí también se están igualando cada día más los consumos de sustancias entre hombres y mujeres, ya que en los últimos años, las mujeres incluso fuman más que los hombres, beben alcohol casi al mismo nivel y en drogas clásicamente usadas por los hombres como la cocaína o la heroína, el consumo en mujeres está subiendo.

Sin embargo, cuando hablamos de personas que solicitan ayuda profesional para enfrentarse a un problema de adicción, esa igualdad de género está muy lejos de conseguirse. En nuestro centro aproximadamente el 70% de quienes solicitan información son varones y sólo el 30% son mujeres, un porcentaje que está muy lejos del reparto del consumo de sustancias en la población social, por lo que se puede decir que el hombre tiene más facilidad para pedir ayuda que las mujeres.

También es muy relevante la forma en la que vienen las mujeres cuando empiezan el tratamiento. Mientras que cuando un varón solicita tratamiento, a menudo viene acompañado por su pareja, por sus padres, por sus hijos o con algún otro familiar o persona cercana que tratan de apoyarle en su recuperación; en las mujeres a menudo o acuden solas o con muy poco apoyo familiar. A menudo la pareja les ha abandonado, y la mayoría de los familiares o amigos se han apartado o no saben qué problema tiene porque es ella la que trata de ocultarlo.

Mientras los varones suelen consumir más socialmente, entre sus amigos, en eventos sociales y en sitios públicos, las mujeres lo hacen a solas, escondidas, en su propia vivienda cuando no hay nadie, tratando de evitar que nadie las ve consumiendo.

 

Detrás de estos fríos datos, lo que hay es una brecha muy importante entre hombres y mujeres con un estigma social que todavía hoy está encima de las mujeres. Mientras se sigue valorando como un rasgo varonil el que un hombre consuma alcohol o drogas, para la mujer es faltar a sus obligaciones como buena madre, como buena esposa y hasta como buena hija. Se sigue pensando que la mujer cuando se droga es una mala mujer y que no cumple con sus obligaciones, y este estigma todavía hoy es muy fuerte, y provoca que las mujeres que consumen alguna sustancia, lo hagan a solas, evitando que sus familiares la vean o la señalen negativamente.

La consecuencia de esto es que el problema se cronifica y se extiende por muchos años, y cada vez es más grave y el deterioro de la mujer es mayor. A menudo además conforme el deterioro es mayor, se empieza a tomar fármacos para reducir el malestar, por lo que también se acaba teniendo una fuerte carga medicamentosa que lo que hace es agravar más aún el problema.

Animamos a las mujeres que tengan algún problema de consumo a enfrentarse a ello, no tienen por qué esconderse, tienen el mismo derecho que los demás a recibir la atención profesional necesaria, y deben entender que esto es una enfermedad, y no un vicio por el que se deban sentir malas personas.

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