El cannabis, ¿qué sabemos de sus utilidades terapéuticas?

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El cannabis, ¿qué sabemos de sus utilidades terapéuticas?

Cada día son más las regiones del mundo que están aprobando el uso terapéutico del cannabis, que se está convirtiendo en la tapadera de un consumo de ésta sustancia para muchas personas que en realidad no tienen ninguna patología que tratar con esa sustancia. Pero es que la cuestión además está en saber hasta qué punto hay evidencia de que el cannabis tiene propiedades terapéuticas como algunos afirman que tiene. Cada vez se están realizando más investigaciones para dar respuesta a éste asunto, si bien, adelantamos que no es un tema fácil de abordar desde el punto de vista científico, por diferentes razones que se van a enumerar más adelante.

A día de hoy la postura oficial de la medicina y la ciencia sobre los beneficios terapéuticos del cannabis no es ni a favor ni en contra, sino en una postura de desconocer los beneficios reales de dicha sustancia a la vez que se desconocen los posibles efectos adversos de su uso. Nadie duda de que hay beneficios directos del uso del cannabis como sus efectos sedantes y analgésicos, que son en definitiva los efectos de la droga sobre el organismo, pero se desconocen exactamente los mecanismos neuroquímicos por los que producen esos efectos ni qué posibles efectos a largo plazo pueden provocar. Hay que tener en cuenta que hasta la fecha se tienen referencias del uso del cannabis como droga, que se ha demostrado totalmente perjudicial y adictivo, pero apenas se tienen referencias del uso del cannabis como medicina para abordar enfermedades o dolencias. El enfoque del uso recreativo y el enfoque del uso medicinal son muy diferentes, requiriéndose en éste segundo caso muchas más exigencias metodológicas que en el primero.

Una de las líneas de investigación es determinar dentro del cannabis qué componentes son los que provocan los efectos de dicha sustancia, ya que dentro de esa sustancia hay a su vez un amplio abanico de componentes conocidos como cannabinoides que no todos tienen los mismos efectos, ya sean positivos como nocivos para la salud. Hasta hoy de todos los cannabinoides que están presentes en el cannabis, apenas se están realizando investigaciones sobre dos de ellos, el THC (tetrahidrocannabinol) y el cannabidiol, pero apenas se conocen efectos en los demás cannabinoides también presentes en el sustrato vegetal del cannabis.

El caso del THC es el cannabinoide más estudiado y es el único que la FDA (la Administración de los Alimentos y Medicamentos de los EEUU) ha aprobado para su uso medicinal, de manera que sólo se pueden comercializar como fármacos aquellos que contienen éste THC, y que se utilizan principalmente para aumentar el apetito y los efectos de enfermedades graves como el cáncer o el SIDA.

Otra novedad reciente, es que se sabe que nuestro cuerpo también produce cannabinoides de forma interna, conocidos como endocannabinoides, y que se están estudiando para saber qué funciones podrían tener para el tratamiento de la epilepsia o el dolor crónico, sin la necesidad de recurrir a la planta del cannabis.

En cuanto al abordaje terapéutico del dolor crónico, hay que decir que se trata de una de las afecciones que están más comúnmente detrás de muchos de los consumidores de cannabis que buscan en ello un alivio de los síntomas de dolor. Sin embargo, la evidencia sobre la reducción de los síntomas del dolor crónico con el uso de cannabis es muy escasa, por lo que no se puede decir con ningún tipo de evidencia empírica que el uso del cannabis tenga efectividad alguna en el abordaje del dolor crónico. Algo más de evidencia se ha encontrado cuando se combina el uso del cannabis con el de la Aspirina para reducir los síntomas del dolor crónico, y lo que se ha encontrado es que cuando se combinan ambas sustancias, se reducen más los síntomas y se requiere menos cantidad de cada fármaco, por lo que se reducen los posibles efectos secundarios de ambos.

Igualmente, en cuanto al uso del cannabis para tratar la epilepsia, se cuentan muchas anécdotas sobre pacientes que encuentran mejoras en los síntomas, sin embargo, esas evidencias no se encuentran en estudios controlados en ensayos clínicos, donde la mayoría de los casos no son concluyentes los datos encontrados o las pocas evidencias se han encontrado en estudios con muy pocos pacientes, por lo que no son fiables.

Hay que decir que la investigación científica con el cannabis se encuentra con muchos obstáculos que dificultan mucho que los investigadores dediquen el tiempo y los recursos necesarios a realizar estudios serios y concluyentes, entre los que están los siguientes:

  • El principal obstáculo que se encuentran los investigadores es que el cannabis, así como muchos de sus derivados, están en la lista de sustancias controladas, por lo que para realizar un estudio que tenga validez y pueda ser aceptado por revistas especializadas y por instituciones oficiales, se requiere una elevada cantidad de documentación y de permisos para su uso en investigación. Este primer escollo echa para atrás a muchos potenciales investigadores para dedicarse al cannabis y prefieren dedicarse a otros líneas de investigación menos problemáticas.
  • Otra limitación muy importante tiene que ver con la ética y la deontología y la administración de sustancias potencialmente peligrosas en sujetos experimentales. Si se está investigando sobre si una sustancia puede ser potencialmente peligrosa para un sujeto, no se puede administrar esa sustancia a un sujeto experimental, pudiendo ocasionar efectos nocivos en su salud, por lo que este tipo de estudios están muy controlados por las normas éticas y deontológicas de la investigación que prácticamente impiden muchas investigaciones clínicas que impliquen la administración de la sustancia a humanos, y por ello, que la mayoría de ensayos y descubrimientos sobre beneficios y efectos nocivos del cannabis se están encontrando en animales y no en humanos, lo que dificultad enormemente el poder sacar conclusiones válidas sobre los beneficios o perjuicios del cannabis en humanos.
  • Fruto de la limitación anterior, los pocos estudios que se están llevando en humanos a menudo se basan en casos de consumidores de cannabis que voluntariamente lo toman bajo su propia responsabilidad. Estos estudios tienen muchas limitaciones metodológicas, pues es prácticamente imposible controlar cuánto se consume de cannabis, con qué frecuencia y también qué tipo de cannabis se consume, ya que además, hay diferentes variedades que tienen distintas proporciones de cannabinoides. Cualquier posible conclusión que se pueda extraer de éstos estudios estará siempre supeditada a una enorme variabilidad de factores aleatorios que impiden tener una causalidad de las sustancias sobre la salud del individuo.
  • Otra limitación es que cuando se estudian los efectos del cannabis en variables como el dolor, son escalas subjetivas que el sujeto experimental atribuye arbitrariamente, por lo que los resultados del estudio también estarán sujetos a numerosos sesgos cognitivos. Para que éstos estudios tengan más fiabilidad, se debería de administrar la sustancia del cannabis sin que el individuo sepa que es cannabis para evitar sesgos en cuanto al prejuicio que el individuo tenga sobre ésta sustancia, y es por eso que tenemos otro problema cuando se administra el cannabis en variantes como fumado o inhalado, ya que es una sustancia fácilmente reconocible y el individuo lo reconocerá y seguramente valorará el efecto de la sustancia según sus creencias al respecto de ella.

En definitiva, como conclusión, actualmente no tenemos evidencias científicas de los posibles beneficios del cannabis como medicamento para el abordaje de diferentes patologías, que es el argumento que se está utilizando para aprobar su uso medicinal en muchas regiones y estados; mientras que por el contrario, sí se conocen los efectos nocivos de su consumo, especialmente su alto poder adictivo. Se deben destinar más recursos para la investigación empírica del cannabis para saber con seguridad si su uso terapéutico tiene los efectos positivos que realmente se espera que puede tener, así como de sus potenciales riesgos.

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