La doble penalización que sufren los enfermos mentales

publicado en: Artículos, blog | 0
Los enfermos mentales sufren las dificultades de cualquier persona, pero además, sufren cada su lucha contra su propia enfermedad.
La incomprensión, el desconocimiento, la soledad, la presión social,...forman parte del día a día de los pacientes con alguna patología mental.

La vida no es fácil para nadie, todos tenemos que luchar día tras día para buscarnos la vida, desde que nacemos participamos en una carrera de fondo contra el resto de la humanidad por hacernos un hueco en este mundo. Los niños ya compiten en las etapas infantiles de sus guarderías por ser de los que más rápido hablan, los que más rápido aprenden los colores, los que más rápido aprenden a leer,…. Llega la etapa escolar, una carrera de años en la que todos compiten por sacar la mejores calificaciones, sufren la presión de que sus padres se sientan orgullosos de ellos por haber sacado unas buenas notas, reciben regalos en Navidad en consonancia con sus notas. En la etapa de bachiller, una dura competencia por ser de los que mejor expediente tienen para poder entrar en aquella carrera universitaria que desean, y luchan codo con codo contra todos sus compañeros de clase, y del resto de coetáneos que se presentan ese mismo día a la Selectividad. 

Llegamos a la edad adulta, con la universidad, otra carrera de largo recorrido por ser de los que mejor expediente tienen, y todo para que cuando salgan de la universidad, puedan optar a un buen trabajo cualificado y bien remunerado. ¿Fin de la carrera? Nada más lejos de la realidad, la vida de adultos es una carrera perpetua, una lucha por mantener nuestro puesto de trabajo, por demostrar que valemos la pena, y que somos la mejor opción para ocupar ese puesto.

Y todo esto que he descrito, aunque parezca cruel, no es otra cosa que la versión fácil y amable de la vida, porque quien llega a este nivel de desempeño, es que está perfectamente cualificado para competir.

Sin embargo, gran parte de la población se ve obligada a enfrentarse a esta misma carrera desde el padecimiento de una enfermedad mental, algunos de ellos desde nacimiento, muchas veces tardan años en diagnosticarse, y pasan por numerosas situaciones de incomprensión y desconocimiento de lo que les pasa.

Mateo era un niño de 14 años que llegó a la etapa de educación secundaria a duras penas, pasando curso tras curso por obra y gracia del favor de sus profesores, que pasaban por alto sus carencias académicas y valoraban que era «un buen niño que tenía que esforzase más». Esas palabras le han acompañado años, desde que era un niño que intentaba aprender a colorear sin salirse en la guardería. Su madre cada día salía con la mirada cabizbaja del colegio al recibir malas noticias de su comportamiento o sobre su rendimiento escolar. Con 14 años y tras haber repetido curso, se le diagnostica Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), y después de un periodo de entrenamiento de los padres y adaptación curricular en el ámbito escolar, Mateo aprueba el curso por sí mismo, sin recurrir a favores.

¿Cuántos niños hay en nuestros colegios que sufren este tipo de trastorno y que son juzgados y valorados con criterios que no pueden alcanzar? Miles.

Hay muchas enfermedades mentales, que afectan al rendimiento escolar, otras afectan a los sentimientos, otras al comportamiento, otras a nuestra alimentación, al sueño, a muchos otros aspectos de sus vidas.

 

LAS COMPARACIONES, ODIOSAS

La inmensa mayoría de familias que tienen algún miembro con alguna patología mental diagnosticada no saben realmente cómo funciona esa patología, y cómo afecta a su familiar, qué limitaciones tiene o qué consecuencias puede tener en sus vidas. A menudo la única referencia que en las familias tienen es de sus propias dificultades, de un hermano mayor o de algún familiar cercano que sufrió algo parecido.

En el ámbito de las adicciones, es frecuente encontrar a familiares que se ponen ellos mismos de ejemplo de superación con frases célebres como «yo dejé de fumar solo», «yo de joven fumaba porros y cuando me casé lo dejé todo», «esto es cuestión de echarle ganas, como yo que dejé el alcohol sin ayuda». Ese tipo de frases, aunque bien intencionadas, hacen mucho daño a los pacientes que padecen de adicción, que se ven incapaces de controlar su problema, y se sienten menos capaces que sus familiares que tanto valor demostraron en su día.

También es común poner de ejemplo a hermanos o primos que tienen una vida ejemplar, con el fin de ejemplificar qué están consiguiendo y qué deberían hacer ellos. Los enfermos mentales no pueden competir con las mismas armas que tienen las demás personas, pues tienen un pensamiento interior que los debilita, los frustra, los distrae, los anula, y les lleva continuamente al fracaso.

LA CONSCIENCIA DE ENFERMEDAD, FUNDAMENTAL

Una de las principales tareas que tenemos los profesionales sanitarios es desarrollar la consciencia de enfermedad tanto en los familiares, como en los propios enfermos mentales. ¿Qué es esa consciencia de enfermedad? Es la interiorización de que se padece una enfermedad mental, y que, salvo remisión, se seguirá padeciendo durante mucho tiempo. Tanto familiares como pacientes deben conocer en qué consiste esa patología, qué consecuencias puede tener, qué factores de riesgo hay, cuáles son los detonantes de la aparición de la enfermedad. Conociendo y entendiendo todo eso, se podrá anticipar una recaída, controlar los efectos adversos de la enfermedad y así reducir las posibles consecuencias.

Parece lógico que los familiares no tengan esa consciencia de enfermedad, pero a menudo tampoco la tienen los propios enfermos, que se comparan continuamente con personas sanas y se exigen lo mismo, lo que les lleva a frustraciones continuas.

 

LA SOLEDAD, EL PEOR DE LOS ENEMIGOS

La incomprensión, el desconocimiento, la falta de información sobre las enfermedades mentales provoca a menudo que los enfermos terminen aislados, solos, apartados de la sociedad, lo que hace que la enfermedad sigue su curso patológico. Cuanto más desarrollada esté la patología mental, más probabilidad hay de que el paciente esté solo, y al revés, cuanto más solo esté, más grave será el deterioro cognitivo del enfermo.

Es por ello que en los tratamientos de estos pacientes de enfermedades mentales deben incluirse terapias para familiares, donde se trate de minimizar el efecto de la soledad. Los familiares deben entender la enfermedad para evitar que los efectos de ésta les aparte de su familiar, y así evitar que haya un mayor deterioro.

 

Dejar una opinión