Despertares, una magnífica película sobre el sufrimiento humano detrás de una enfermedad

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Hay películas que nos hacen reír, otras que nos hacen pasar un mal rato de miedo, otras nos recrean acontecimientos históricos del pasado, otras generan emociones muy diversas, y hay películas que nos hacen valorar más positivamente el pertenecer a la especie humana.

Despertares (1990) es una de estas últimas, una película que te hará sentirte orgulloso de ser humano, y te hará ser un poco mejor persona de lo que eras antes de verla. El reparto es de lujo, abanderado por dos genios de la interpretación como Robert de Niro y Robin Williams, ambos están pletóricos en este papel, quizás en su mejor versión interpretativa. Pero además, se acompañan de actores de reparto secundarios de muy buen nivel como Max Von Sydow; Peter Stormare o Penelope Ann Miller. Una película con semejante cartel no puede fallar, y de hecho, no falla en ningún momento.

Hay que mencionar que la película está basada en hechos reales, concretamente sobre los acontecimientos que ocurrieron en los años 60 con un grupo de pacientes que fueron afectados por una terrible enfermedad, la encefalitis letárgica, que fue una epidemia en los años 20-30, y que destrozó la vida de muchos niños, dejando a muchos de ellos bajo un estado catatónico por años, algunos por 30-40 años bajo ese estado. El personaje de Williams está basado en el neurólogo Oliver Sacks, uno de los especialistas de este área de la medicina más reconocidos de la historia, y el responsable de encontrar una droga farmacológica que ayudó a recobrar el conocimiento de estos pacientes años después de entrar en estado catatónico. Todo lo que se muestra en la película, por dramático que parezca, es real, lo que le da un valor mayor aún al drama.

Robert de Niro interpreta a Leonard Lowe, un paciente con encefalitis letárgica que llevaba catatónico durante 30 años, y que tras los experimentos del doctor Malcolm Sayer, interpretado por Robin Williams (Oliver Sacks en la vida real), despierta de su letargo.

La película muestra a la perfección la tristeza de una vida bajo un estado catatónico, no solo para el paciente que la sufre, sino también para sus familiares que siguen día tras día cuidando a su familiar, y así como a los propios funcionarios sanitarios, que se sienten impotentes ante esta enfermedad.

Es digno de señalar el papel de la madre de Leonard, interpretada por una entrañable Ruth Nelson. Nos muestran a una madre totalmente entregada al cuidado de su hijo, a pesar de que lleve treinta años catatónico. Nos la muestran asistiendo todos los días al hospital a cuidar a Leonard, y el cariño con el que lo trata, el cómo le habla, por mucho que él no parezca percibir nada. También es un papel muy interesante de seguir cuando su hijo se despierta gracias a la droga que le administran, y empieza a quedar con mujeres, que se ve cómo la madre se pone celosa y se siente abandonada después de tantos años de dedicación. Este rol de Ruth Nelson retrata a la perfección la figura de la persona dependiente emocional, que lo sufren muchas otras personas.

 

Conforme avanza la película, se puede ver cómo los enfermos que habían sido medicados por el doctor y que también despertaban, demostraban unas ganas enormes de vivir, de disfrutar de pequeñas cosas (la luz, un paseo, bailar, un beso, contacto físico,…), que para la mayoría de nosotros son cosas cotidianas e irrelevantes.

También se ve cómo los pacientes, especialmente en el caso de Leonard, cuando se encuentran mejor, enseguida quieren hacer una vida normalizada, incluso yendo en contra de los profesionales sanitarios que le están curando. Un ejemplo didáctico para aquellos pacientes que están bajo tratamiento psicológico, que cuando se encuentran algo mejor se empoderan y desoyen los consejos de su terapeuta, autogestionándose y tomando un camino que va hacia la autodestrucción.

El final de la película constituye un mensaje precioso, que hay que disfrutar de cosas tan sencillas como el trabajo, el ocio, la amistad y la familia, que es lo que realmente importa.

Se recomienda la película a todo el mundo, pero especialmente, a aquellos que están bajo tratamiento psicológico, pues será un ejemplo perfecto de cómo un paciente puede verse atrapado por una enfermedad durante muchos años, de cómo los familiares sufren al lado del enfermo y se hacen dependientes emocionalmente, y de cómo hay que seguir luchando por curarse, aunque nos encontremos mejor.

No sólo hay que pensar que esto ocurre en una enfermedad tan grave como una encefalitis letárgica, sino que hay otras enfermedades, aparentemente menos graves, pero que igualmente provocan muchos años de sufrimiento tanto para el enfermo como para los familiares. Los enfermos de adicciones a drogas se deben sentir particularmente identificados con el mensaje de esta película.

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