Descubre cómo sufre un adicto a la comida la Navidad

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La Navidad. Una fecha de disfrute, de júbilo, de reuniones familiares, de alegría, de acordarte de aquellos que no ves desde mucho tiempo,…. y también una fecha de comilonas. Hablar de las Navidades es sinónimo de hablar de comidas de empresa, de quedar con amigos para tomar algo, de mantecados, de dulces, de hacer y recibir regalos casi siempre de comida, de la comida del día de Navidad, de la comida del día de Nochevieja para despedir el año, de la comida familiar del día de Año Nuevo para dar la entrada al año que empieza, del roscón del día de reyes… todo acaba en lo mismo, COMER, COMER, COMER Y COMER.

Para la mayoría de personas esto no es una preocupación, sino un motivo para disfrutar, pero para aquellos que tienen una adicción a la comida, que también se les conoce como comedores compulsivos, estos días suponen un reto tremendo, porque se están exponiendo continuamente a aquello de lo que más intentan protegerse, la comida. 

Para un comedor compulsivo la comida tiene el mismo efecto que el alcohol para un alcohólico o que la cocaína para un cocainómano. A usted que lee estas líneas le parecerá una comparativa exagerada, quizás gratuita, quizás irrespetuosa para aquellos que sufren una adicción  a drogas muy destructivas al compararlo con algo tan cotidiano como la comida, pero si quien lee estas líneas sufre este problema, sabrá perfectamente de qué estoy hablando.

Comidas de empresa. Así se suele dar el pistoletazo a las Navidades. Las empresas tienen el detalle de fomentar una reunión de todos los empleados con el fin de fortalecer lazos y unión entre los empleados y formar mejor equipo. Para un comedor compulsivo esto es un suplicio, pues casi siempre esas comidas de empresa no consisten en una simple comida con un menú, sino que suponen un despilfarro importante, donde la comida, a la par del alcohol, abundan por todos lados. Para un comedor compulsivo, acceder a una comida de empresa es todo un reto, tener que estar toda la comida rechazando platos, intentando controlar la cantidad de todo lo que se sirve en el plato, a la vez que su mente le dice que se hinche de comer, que es gratis, que para una vez que su jefe le invita a algo, lo está despreciando y desaprovechando. Difícilmente saldrá de la comida habiendo respetado unas normas de mesura y control.

Los mantecados. Para un comedor compulsivo son una condena, le persiguen estos días allá donde vaya, incluso cuando va a comprar comida saludable como fruta, verdura o pescado. Allí donde va hay una mesa de cortesía repleta de mantecados de todos los colores, y el tendero, muy amable, insistiendo en que te tomes lo que quieras. Un mantecado para un comedor compulsivo es de lo peor, ya que es uno de los peores alimentos nutricionalmente, y de lo más adictivo. Aceptar ese mantecado de cortesía muy probablemente terminará en atracón de comida un rato después.

La dichosa comida del Día de Navidad. Es la cena por excelencia del año, y si no lo sabemos, todos los días previos los medios de comunicación se encargan de recordárnoslo con la evolución de los precios del marisco, del pavo, de los bogavantes y percebes, y siempre acompañada la noticia con imágenes de comidas copiosas. Para todas las familias esa noche supone seguramente el mayor gasto en comida del año, nada es suficiente, y desde luego, los platos más típicos no son precisamente saludables. Una noche es una noche, ¡qué más da!. Para un comedor compulsivo esa noche todo es una atrocidad insoportable.

 

Todas las ofertas que ves son tentadoras. El objetivo de una oferta es atraer al comprador, pero lo normal es que una misma oferta no sea apta para todos los potenciales clientes del supermercado. Pero para un comedor compulsivo, estas fechas suponen una fuente continua de ofertas que son siempre muy tentadoras. En estas fechas no se ofertan manzanas, doradas o almendras, sino todo lo contrario, todas las ofertas disponibles van hacia productos “prohibidos”, como bombones, bollería industrial, platos preparados, congelados, helados, lácteos cargados de azúcar,… por lo que además de lo tentador que pueda ser el precio de la oferta, es más tentador aún el tipo de productos. Estas fechas, para un comedor compulsivo hacer la compra en un supermercado, además de suponer una tentación constante, supone tener la sensación de que eres el único tonto que no se aprovecha de las ofertas. La peor frustración llega en la línea de caja, cuando tu compra, ridícula en volumen y número de artículos, te cuesta el doble que la compra del cliente anterior, que encima es mucho más voluminosa, y encima, mucho más apetecible.

 

Ver a los demás comprar y comer sin restricción, tironazo garantizado. Una de las peores cosas que puede sufrir un alcohólico en rehabilitación es ver a otra persona consumir alcohol sin ningún reparo ni control, porque es todo aquello que él quisiera hacer. Para un comprador compulsivo ir a un supermercado y ver a otras personas llenar el carro de todos aquellos artículos que él no puede comprar, o ver a otras personas comer estos días de la forma que él no puede comer, es una tentación muy fuerte, que le provoca un malestar muy difícil de soportar.

 

Si no sales a comer, no sabes cómo divertirte. Estos días, más que en ningún otro momento del año, parece que si no sales a comer con otras personas, es que no te vas a divertir de ninguna manera. Todo el mundo parece que se ha puesto de acuerdo estos días en hacer lo mismo, comer, comer y solamente comer. Parece que estos días no se puede hace deporte, no se puede salir a dar un paseo al campo, no se puede ir a bailar, al cine, al teatro,…. Todo parece acabar inexorablemente en una mesa repleta de comida.

 

Si eres comedor compulsivo, te recomiendo para estos días:

– Evita asistir a comidas colectivas donde el objetivo principal es comer y beber sin control.

– Si tienes que asistir a alguna comida familiar, o de empresa, limítate a un menú, come lo más parecido posible a lo que comerías tú en casa.

– Te puede ser útil tener un cómplice, alguien que sepa de tu problema y con el que puedas apoyarte para controlar tu impulsividad con la comida.

– Evita ir a las grandes superficies solo y en las horas más concurridas. Mejor ver cuando hay poca gente, acompañado con alguien que sepa de tu problema, y con una lista de productos que debes comprar y ceñirte a ella.

– Si compras en comercios locales y pequeños, habla de tu problema, dile a tu tendero de confianza que hay cosas que no puedes comer, y te respetará, y además, te servirá para evitar tropezar y comer lo que no debes.

– Si no eres capaz de controlarlo, pide ayuda profesional, solo tú no puedes.

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