Nuestro cerebro está diseñado para los pensamientos negativos

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Es un hecho contrastado que a la mayoría de personas le cuesta mucho evitar pensamientos negativos como pueden ser problemas de salud, preocupaciones sobre aspectos económicos, los problemas de otras personas que nos rodean, o los cotilleos de las desgracias ajenas. Nos gustan mucho los programas de prensa rosa donde se muestran las desgracias de los famosos; nos encantan los dramas en el cine; nos afectan emocionalmente mucho los testimonios de personas que han sufrido situaciones graves; nos gusta ver programas de debates políticos donde se habla continuamente de problemas sociales, injusticias, desahucios, manifestaciones,….

Pero, ¿por qué nuestro cerebro funciona así? ¿por qué tenemos una tendencia hacia el malestar y no hacia e bienestar?

La explicación está en la programación filogenética que ha tenido nuestro cerebro a lo largo de muchas generaciones de nuestra especie. Nuestros antepasados se tenían que enfrentar diariamente a situaciones de mucho peligro y a amenazas constantes contra su integridad física. La diferencia entre un individuo que sobrevivía y uno que terminaba muriendo estaba en su capacidad para detectar los peligros y poder así evitarlos y protegerse; mientras que el que no era capaz de ver dónde estaban los peligros, terminaba tarde o temprano falleciendo.

Este fenómeno de supervivencia ha hecho en nuestra especie humana una selección de todos aquellos individuos que eran capaces de defenderse de los peligros, y ha dotado a sus posteriores descendencias de esa capacidad de defenderse. Gracias a este avance evolutivo, los humanos de tiempos modernos hemos sobrevivido y llegado a nuestros días.

Sin embargo, con la llegada de la socialización moderna, la instauración de las sociedades modernas y la industrialización, en la actualidad, esa capacidad de estar siempre vigilante ante los peligros ha dejado de ser útil. Hoy ninguno de nosotros tiene que vigilar si hay serpientes venenosas, no tenemos que protegernos de bestias salvajes que puedan atacarnos, no tenemos que asegurarnos de que todo alimento que recolectamos pueda ser venenoso,…. nuestras vidas son mucho más seguras que las que han tenido nuestros antepasados.

Ese sistema de vigilancia que ha ayudado a nuestra especie a sobrevivir generación tras generación, hoy se ha quedado obsoleto y es muy poco útil. Nuestro cerebro sigue en alerta, sigue buscando riesgos, sigue sospechando de todo cuanto nos rodea, sigue dudando de que las cosas que están bien vayan a seguir estándolo mañana. Nuestros antepasados nos dejaron en herencia la maldición de un mecanismo de defensa que nos lleva a estar condenados a la infelicidad.

¿Podemos hacer algo o tenemos que rendirnos a ser infelices?

Claro que podemos hacer algo. La prueba de esto es que hay personas que consiguen vencer esta maldición heredada de nuestros antepasados y ser felices. En la psicología evolutiva hay una frase que resume esto, “la ontogenia es la madre de la filogenia”. ¿Qué significa esa frase? Pues que la filogenia (aquello que han vivido nuestros antepasados) ya no existe, sólo nos ha dejado una estructura biológica, pero somos cada uno de nosotros los que individualmente podemos decidir seguir el patrón de nuestros antepasados o mejorarlo. Cada uno de nosotros, a través de la ontogenia, formamos la filogenia del mañana, y determinaremos qué herencia dejaremos a nuestros descendientes.

Dicho de otro modo, no tenemos que rendirnos a ser unos infelices programados evolutivamente, podemos rebelarnos, podemos reescribir la historia, podemos desarrollar herramientas y mecanismos de defensa que hoy sean más adaptativas que las que nuestros antepasados nos dejaron anteriormente.

Algunos ejemplos de estrategias que se pueden empezar a trabajar son:

Céntrate en lo que te ocurre hoy, olvida el pasado, solamente es una mochila que llevas a tu espalda que te hace ralentizarte. Haz de cada día tu punto CERO, empieza a construir de nuevo, tendrás una enorme liberación emocional.

Ponte objetivos muy simples y alcanzables. Intenta que hoy sea solo un poco mejor que ayer. Es un ejercicio muy fácil de conseguir, y se lo extiendes en el tiempo, tendrás una enorme mejoría en el futuro.

La felicidad es el resultado de la diferencia entre lo que la vida te da y tu expectativa de lo que la vida debería de ser. Si tu resultado es negativo, plantéate qué puedes hacer para mejorarlo, pero no te quedes inmerso en un bucle de malestar y sufrimiento.

Recuerda que sólo puedes controlar tus acciones y tu actitud, no lo resultados.

Son sólo unos ejemplos, pero si eres capaz de poner en práctica estas simples pautas, tu vida mejorará enormemente. Ponlo a prueba, no tienes nada que perder.

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Antonio José Gijón López

antoniogijonlopez@gmail.com

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